sábado, 29 de enero de 2011

Revoluciones donde nunca pasaba nada

En una ocasión escuché una frase que decía, más o menos, lo siguiente: "Quien le cierra el paso a una revolución pacífica, le está abriendo el paso a una revolución violenta". Con independencia de la paternidad del pensamiento, me parece idóneo para ilustrar lo que está ocurriendo en algunos países árabes que parecían dormidos hasta hace unas semanas.

En todas estas revueltas populares hay un denominador común: la gente está utilizando Internet para organizar las movilizaciones, lo que está provocando cortes inadmisibles. "El gobierno canceló Interent para impedirnos contarle al mundo qué está ocurriendo realmente aquí", dijo Sherif Gomaa, un empleado de una cafetería que protestaba en el centro de la capital egipcia.  Por cierto, si tienes instalado (o instalas) el Real Player en tu ordenador, puedes ver las emisiones de la cadena Al Jazeera en inglés a través de esta web, una prueba más de la utilidad de la red para estar al día.

Lo ocurrido en Túnez es sobradamente conocido: un movimiento popular surgido de las clases más desheredadas, que arrancó desde la periferia del país (la zona más pobre), se ha desplegado como una oleada inevitable, de forma absolutamente original, poniendo al régimen del dictador Ben Ali contra las cuerdas.

Pero el movimiento se ha extendido a Egipto, donde los enfrentamientos entre policías y manifestantes tomaron ayer mayor intensidad, con revueltas en las principales ciudades. El Gobierno se ha visto obligado a decretar el toque de queda en El Cairo, Alejandría y Suez. Hay centenares de heridos y al menos un muerto, mientras el Gobierno ha decidido recurrir al Ejército para ayudar a la policía a reprimir las protestas. En Twitter se pueden seguir cientos de micromensajes sobre lo que está ocurriendo en Egipto (y en algunos se aprecia la huella clarísima de la censura).

[Imagen tomada de la web de Al Jazeera]
Y el efecto de contagio se ha dejado notar en otros países como Yemen (miles de ciudadanos exigieron en las calles de Saná el fin del régimen de Ali Abdalá Saleh), Jordania (la gente ha salido a la calle tras las oraciones musulmanas del viernes para pedir al rey Abdalá II la destitución del primer ministro, Samir Rifai, y la adopción de reformas económicas y políticas en el país), Arabia Saudí (las autoridades han detenido a docenas de manifestantes en Yeda que protestaban por la situación de pobreza tras las inundaciones) y Siria (donde se ha convocado una manifestación masiva para el 5 de febrero).

En Marruecos, donde hay una larga tradición de revueltas espontáneas como la del pan, en 1981, que se saldó con 66 muertos en Casablanca, se han inmolado cuatro personas (y el régimen empieza tomar medidas) y en Bengazi (Libia) se han producido disturbios de mayor envergadura.

¿Qué puede pasar? ¿Darán a luz verdaderas democracias? El amanecer de las victorias populares es siempre incierto. Hay posibilidades reales de que renazca una democracia en un contexto geopolítico cada vez más radicalizado como el de los países árabes, aunque se desconoce a qué pueden aspirar unas sociedades tan acalladas durante tanto tiempo.

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