sábado, 8 de enero de 2011

Las falacias pro-tabaco

Yo he sido fumador durante una larga etapa de mi vida. El 31 de diciembre pasado cumplí un año desde la última calada a un cigarrillo, tiempo relativamente corto para poder afirmar que estoy desenganchado, pero tengo el firme convencimiento de no volver a caer en el vicio, por mi salud y la de quienes me rodean (sin más argumentos).

Hace unos días leía en el blog de Domingo Benito Lucas (Multiverso Incognoscible) un interesante artículo titulado "10 falacias sobre la Ley Antitabaco", en el que se analizaban uno a uno los 10 argumentos más socorridos que se escuchan estos días allí donde se discute a favor o en contra de la prohibición de fumar en locales públicos.

Sea por propia iniciativa, sea inspirando en el artículo anterior, el prestigioso bloguero y periodista Ignacio Escolar publicaba ayer en su blog estas 7 falacias pro tabaco (corto, pego y añado un par de imágenes pilladas de la red):

1. El Estado no es quien para decidir de qué me quiero morir.
Pero sí lo es para proteger a los que no fuman y mueren por el tabaco ajeno. Cada año, entre 1.300 y 3.000 fumadores pasivos fallecen en España como consecuencia directa del humo del tabaco, según varios estudios médicos. Los más afectados son los trabajadores de la hostelería.

2. Es la ley más restrictiva de Europa. Es casi idéntica a la de Irlanda, Italia y Reino Unido, y muy similar a las que aprobarán otros países para cumplir con la política antitabaco de la UE.

3. Es una cortina de humo del PSOE para esconder la crisis económica. Pues fue negociada con el PP y aprobada por consenso, con el apoyo de la práctica totalidad del Congreso.

4. ¿Y por qué no se persigue el humo de los coches? Sí se persigue, aunque sea poco: hay controles sobre el nivel de emisiones en cada revisión de la ITV. Que un problema aún no esté resuelto no impide luchar contra otro (y tampoco puedes entrar en un restaurante con el coche encendido).

5. Es una ley hipócrita porque el Gobierno prohíbe el tabaco, pero cobra impuestos con él. El tabaco no está prohibido: se puede fumar en el 99% del país (al aire libre y en cualquier casa). También pagan impuestos los automóviles y no por eso se puede conducir por la acera atropellando peatones.

6. Va contra la libertad, la convivencia no debería basarse en prohibiciones. Pues todo nuestro sistema legal se basa en ellas y tu libertad termina donde empieza la de los demás. Como ironiza un amigo, “¿te molesta que coma mientras fumas?”.

7. Los bares no son un servicio público; el que no quiera fumar, que no entre. Los bares también son un centro de trabajo: el de los camareros. Y como dice Isaac Rosa, este argumento es reversible: el que quiera fumar, que se vaya fuera.

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