sábado, 6 de marzo de 2010

¿Debemos obedecer leyes injustas?

Como dije hace unos días, la pregunta que sirve de título a esta entrada encierra uno de los dilemas más discutidos en la historia de la humanidad, o quizás, en la historia del pensamiento filosófico. Responder a esta pregunta, también hoy en día, constituye un reto, y la posición que se adopte influirá decisivamente en la postura que se pueda adoptar frente a los "asuntos difíciles" (desde el aborto hasta la eutanasia, pasando por la guerra o la discriminación inversa).

Quizás algún lector se preguntará ¿pueden existir leyes injustas? o más concretamente ¿derecho y justicia son cosas diferentes? Ruego que nadie se apresure a responder, porque la cosa no es ni fácil ni simple. A primera vista puede parecer que el "derecho" es una creación humana (con sus virtudes y sus defectos, como todo lo que hacen los hombres), mientras que al hablar de "justicia" parece que estamos apelando a un concepto superior, más trascendente, más difícil de definir (parece existir cierto consenso en definir que "justicia es dar a cada uno lo suyo", es decir, algo próximo al concepto de "equidad").

Pero las opiniones están lejos de ser unánimes. Existió una corriente, que sigue teniendo sus adeptos, que defendía la existencia de un enlace entre "justicia" y "divinidad", de forma que "lo justo" sólo es aquello que no contraviene la "ley natural". Con este argumento, muchos políticos y falsos filósofos se permiten el lujo de objetar en conciencia todo aquello que, a su entender, es antinatural (por ejemplo, el aborto o la eutanasia; curiosamente, no son tan rigurosos en temas como la guerra o la pena de muerte). Un ejemplo de este planteamiento lo encontrados en un diálogo entre Marco y Quinto que Cicerón exponía en su obra "Las Leyes":
MARCO. Me parece entonces que, en opinión de los sabios más eminentes, la Ley no es el producto de la inteligencia humana ni de la voluntad popular, sino algo eterno que rige el universo por medio de sabios mandatos y sabias prohibiciones. [...] la Ley verdadera y esencial, la que manda y prohíbe legítimamente, es la recta razón del sumo Júpiter.

QUINTO. Pienso como tú, hermano mío, que lo recto y verdadero es también eterno, y que no nace ni muere con la letra de las decisiones legales.
Ya adelanto que, en mi opinión, esta línea de pensamiento ha llevado y lleva hoy en día a asimilar peligrosamente "derecho" y "religión", es decir, "leyes" y "catecismo" (o Corán). Esta peligrosa asimilación está en la base de las doctrinas más fundamentalistas, las defienda Bin Laden o Rouco Varela.

Para la corriente opuesta, resulta que únicamente es "justo" lo que es "legal" y, por lo tanto, no cabe la desobediencia o la objeción de conciencia ante una determinada ley, por muy antinatural que pueda parecer su contenido. Para los defensores del positivismo jurídico, hay que distinguir dos ordenes sociales diferentes: "derecho" y "moral", y las normas emanadas del poder legislativo garantizan la seguridad jurídica (y, por consiguiente, la previsibilidad de la decisión jurídica). Veamos como respondía Kant a Hobbes:
Pero si una ley pública es legítima y, por consiguiente, irreprochable (irreprensible) desde el punto de vista del derecho, están también ligadas a ella la facultad de coaccionar y, por el otro lado, la prohibición de oponerse a la voluntad del legislador, incluso aunque no sea de obra; es decir: el poder que en el Estado de efectividad a la ley no admite resistencia (es irresistible), y no hay comunidad jurídicamente constituida sin tal poder, sin un poder que eche por tierra toda resistencia interior, pues ésta acontecería conforme a una máxima que, universalizada, destruiría toda constitución civil, aniquilando el único estado en que los hombres pueden poseer derechos en general.
Esta última postura es la que más se parece a la defendida por Sara Yousfi, la estudiante de 1º de Bachiller del IES La Foia, en su trabajo "Anámnesis", que quedó clasificada en tercer lugar en la II Olimpíada de Filosofía. Ella lo resumía así:
En síntesis, opino que no se debe hacer caso omiso de las leyes, ya que sin ellas toda nuestra sociedad estaría sumida en un paisaje neblinoso y andaríamos a tientas. Sí, debemos obedecer leyes injustas para no poner en peligro nuestra seguridad, pero los tiempos cambian y las leyes han de ajustarse a las necesidades que se cree que tiene cada sociedad.
Aunque pueda parece extraño, los filósofos de hoy en día siguen debatiendo sobre esta cuestión, como lo hace, por ejemplo, el catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante D. Manuel Atienza, del que ya he hablado en alguna ocasión en este blog, encargado precisamente de clausurar la II Olimpíada de Filosofía a la que me referido arriba. Su postura, a la que me uno como buen discípulo suyo, queda expuesta así:  podemos y debemos desobedecer las leyes injustas, pues "la salud de la democracia depende de esto, y no quiero decir que de cualquier manera, sino con formas pacíficas". Atienza asegura que la desobediencia siempre ha jugado un papel importante en la sociedad (recuerdo alguno de sus artículos respecto a la absolución de los insumisos) y "en estos momentos, en los que parece que la sociedad está adormecida, está bien crear conciencia social". Ahora bien, recomendando a los jóvenes que sean menos obedientes, pero con argumentos. Ya lo dejó escrito J. Rawls:
Como la desobediencia civil es un tipo de alocución que tiene lugar en el foro público, ha de tenerse cierto cuidado de que esto sea claramente entendido. Por tanto, el ejercicio del derecho a la desobediencia civil, como cualquier otro derecho, ha de ser racionalmente proyectado para conseguir nuestros fines o los de quienes deseamos proteger.
Hay que ser cuidadosos a la hora de interpretar estos conceptos. Cualquier persona podría arrogarse la facultad de desobedecer una determinada ley con la excusa de considerarla injusta desde su escala de valores, desde su interés personal o, simplemente, desde su capricho. En artículo muy reciente publicado en Información, el profesor Atienza ponía ejemplos muy claros de leyes injustas cuya desobediencia estuvo bien justificada y sirvió, además, para cambiar la historia. Estoy hablando de la desobediencia a las leyes de exclusión racial en EE.UU. durante los años 40 y 50, o la postura de los insumisos que se negaron a realizar el servicio militar obligatorio en España durante los años 70 y 80.

13 comentarios:

Muy fuerte dijo...

La prensa libre no ha durado ni un día en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (Muvim) de Valencia, el museo dependiente de la Diputación de Valencia consagrado a las ideas. 24 horas después de la inauguración de la exposición Fragments d'un any, promovida por la Unió de Periodistes Valencians y que recoge en 91 imágenes lo mejor del fotoperiodismo valenciano de 2009, las imágenes más políticas, aquellas que en particular molestan al Partido Popular y en concreto a su presidente Francisco Camps por las referencias al caso Gürtel, han sido vetadas en las paredes del último piso del museo.

(Leer la noticia completa)

Una particular dijo...

Totalmente de acuerdo con el profesor Atienza.
Kif: disculpa. Mi comentario anterior sólo pretendía alabar tu gusto musical. Creo que me has malinterpretado. En todo caso, si te he molestado, lo siento. No volverá a suceder.

Santi dijo...

Estuve reflexionando sobre el tema, llegando a la conclusión que a lo que tenemos que temer es al día en el que no haya leyes "injustas" pues entonces todos estaremos bajo el yugo del pensamiento único, y precisamente la gracia de esta civilización es la diferencia, la diversidad, la discrepancia. Si estas cualidades no habría avances, no habría de qué hablar en la tertulia del café, no habría por lo que vivir al fin y a la postre.

Toni dijo...

Basseta, lo tuyo son ganas de calentarte la cabeza, en serio te lo digo, te leo cada día, suelo hacer comentarios a menudo, pero creo que no tengo la paciencia o la claridad de ideas suficiente para entender todo esto.

Selector de noticias dijo...

Los toros se vuelven en contra del Partido Popular

Las iniciativas de Madrid, Valencia y Murcia por proteger las corridas son acogidas con criticas, al utilizar el debate de los toros como un enfrentamiento entre Catalunya y España. A muchos ciudadanos valencianos les gustaría que Camps protegiera del mismo modo "la sanidad pública y la educación".

Anónimo dijo...

Seguramente sin aquellos insumisos la "mili" seguiría siendo ese martirio por el que tenían que pasar los jóvenes españoles, bueno, no todos, sólo los que no tenían enchufe.

Mariano dijo...

La equiparación de Bin-Laden y Rouco Varela revela un desconocimiento y un menosprecio de las religiones que invalida tu argumentación.

La Cosa Nostra dijo...

Garzón y "la segunda transición": la lucha por el poder o la justicia

Hay que volver a tapar la corrupción, para que antiguas y nuevas tramas puedan seguir funcionando, éstas son el aceite que permite el funcionamiento de los engranajes del sistema, el alimento que nutre las clientelas que facilitan la distribución del poder político, jurídico y económico desde un partido, que es más que un grupo político, pues se ha convertido en el transmisor de un legado, la forma en que se realizó la transición española, el que “algo cambie , para que todo siga igual”, que permitió a ciertas elites, encumbradas durante el franquismo, el mantenimiento de su poder y condición.

(seguir leyendo)

Anónimo dijo...

Tengo esa sensacion de no saber lo que siento o quiero. No saber si tengo ganas de comer, beber, cagar, respirar... O tengo ganas de hacerlo todo a la vez, no se. Voi a la cocina habro la nevera miro dentro, y me voi, entro al baño, miro el espejo y me largo. Otras veces no se si tengo ganas de reir o de llorar.

Resumiendo. En este puto pais no hay justicia, no le demos mas vueltas, a la vista esta.

Y en la tribu del Montilla, discuten en el parlament el asunto de los toros, en otras tribus ibericas, inclullendo la nuestra, las declaran de interes cultural, esto es un pais de piraos, o a lo peor el pirao soi yo.

Lo que esta claro, es que en el asunto este de los cuernos, cada cual dice como le va sus ferias, sino que se lo pregunten a nuestros paisanos los de tibi y castalla, a esos dos pueblos les ponen los toros, a los de Ibi les ponen una buena marcha mora, imaginaros que el Ramonet un dia prohibiese las marchas moras.
¿ que? como se os quedaria el cuerpo.

El Kif.

http://www.youtube.com/watch?v=BnryslIUqBE&feature=channel

Mathilde dijo...

Martin Luther King en 1961 escribió una carta a los obispos para pedir ayuda y comprensión en su lucha por la igualdad de la población negra que por aquel entonces estaba siendo oprimida por leyes injustas. Pero Luther King apelaba a las tesis de San Agustín (que decía que "una ley injusta no es tal ley") o a la ley moral o la ley de Dios.

El problema consiste en averiguar qué dice la "ley de Dios", sobre todo para los que nos confesamos agnósticos o "brillantes".

Yo prefiero enfocar el problema desde el punto de vista de la desobediencia civil o, si se quiere, con el denominado "derecho de resistencia a la opresión", proclamado en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano al inicio de la Revolución francesa (1789).

La desobediencia civil, puesta en práctica en muchos países y momentos de la historia, consiste en quebrantar la ley de forma consciente, no para obtener una ventaja o interés personal, sino de cambiar la norma transgredida por otra más acorde con aquellos intereses generales (atención: intereses previamente identificados a través de un procedimiento democrático de formación de la voluntad, es decir, no todo vale).

ALyCie dijo...

Pero si hasta se desobedecen las leyes justas, si sabes como hacerlo ¿cómo no se van a desobedecer las leyes injustas?

Y, si la administración de justicia, es un proceso o un procedimiento, o en de forma mas tajante, ¡un rito! ¿Cómo va a existir la justicia?
Si la triste justicia, es un ideal a conseguir, ¿qué sería la bondad?
Aún así, la bondad, no es mas que un aspecto, corto de miras, comparado con la magnanimidad, auténtico privilegio de dioses.
¿Cúanto mas lejos de la magnanimidad se puede aspirar?

Pues bien, ni las leyes, ni justas ni injustas hay que obedecerlas, sino simular que se acatan y dotar a nuestros actos de apariencia de legalidad, pues, en el caso que se perciba como desobediencia, podríamos ser sometidos al rito de la justicia, que no es mas que una justicia justita, escasa y rala.

Así pues, dotaos de miras mas elevadas; miras que no hay que confundir con la moral, la religión o la espiritualidad, sino de la mas pura de las éticas y por ende sociales, mientras que exista el otro; el prójimo o el próximo.
Sed como los propios dioses.
Sed vosotros mismos.

Salud os

Vicente dijo...

Yo creo que todos tenemos claro que hay límites que las leyes no pueden traspasar, pero nos cuesta ponernos de acuerdo en su delimitación e interpretación exacta. Yo creo en la Constitución como piedra angular de ese sistema pero me decepciona que el Tribunal Constitucional necesite tres años para decidir si el Estatuto de Cataluña es o no es constitucional.

Felipe dijo...

Un artículo muy interesante. Quedan reflejadas con nitidez las dos posiciones fundamentales del debate: el iusnaturalismo y el positivismo. Según el iusnaturalismo la justicia y la ley tienen distintas fuentes. Según el positivismo, no hay más justicia que la ley. Pienso que la desobediencia civil sólo puede justificarse desde cierto tipo de iusnaturalismo. Al principio de tu artículo acusas -creo que injustamente- de 'falsos filósofos' a quienes vinculan la justicia a la divinidad. Digo que la acusación es injusta porque tú mismo reconoces que la justicia hace referencia a algo "superior, más trascendente". De hecho, cuando la desobediencia civil no se justifica apelando a Dios (como lo haría Tomás de Aquino, que considera legítimo el Magnicidio cuando el gobernante se aparta de la voluntad divina), se justifica apelando a la conciencia. 'Conciencia' y 'Dios' son dos conceptos que apuntan a algo "superior, trascendente y difícil de definir". Creo que haces bien desconfiando de Dios, pero no creo que la conciencia sea más fiable. Ambas fuentes me parecen oscuras y creo que ninguna de ellas tiene la pureza que se pretende. De Dios no es menester hablar. En el caso de la conciencia, no pocos filósofos, empezando por Nietzsche, por ejemplo, considerarían que es más bien un subproducto enfermizo de la vida. De hecho, cuando se apela a la conciencia uno acaba siempre sacrificándose a sí mismo o sacrificando a otros.

El debate es difícil. Creo que en nuestras argumentaciones es mejor no meter a Dios y a la conciencia, porque lo oscurecen todo. En realidad toda desobediencia es una osadía infundada, pero fundadora de nuevos valores que pueden o no tener éxito. Los grandes revolucionarios no se han apoyado en valores, sino que los han creado.

Gracias por el artículo, es muy estimulante.

Related Posts with Thumbnails

Blog Rank

Twingly BlogRank

Contador de visitantes

Lo último publicado en blogs ibenses

È