¿Innovas o trabajas?
De un tiempo a esta parte una de las líneas que más consenso parece generar en torno a la innovación es la necesidad de crear condiciones que la favorezcan. Daniel Innerarity, refiriéndose a la creatividad, escribía hace unas semanas en El País:
Las fuerzas económicas no son suficientes para “institucionalizar” la innovación. Es indudable que los poderes públicos tienen a su disposición una capacidad configuradora que favorece la innovación, en la cultura, en la sociedad civil, en las organizaciones y las instituciones. La cuestión sería entonces qué condiciones estructurales hay que propiciar para que haya un clima favorable a la innovación.
A la vista de lo que opinan unos y otros, parece deducirse que el centro de gravedad del análisis se desplaza hacia las personas y no tanto hacia el objeto de la innovación. Hay que insistir en la creación de ciertas condiciones, en mirar más al proceso y no tanto al resultado final. Para Tim Brown, la mayor barrera es la necesidad de saber la respuesta a priori, la obsesión por el control, la aversión al riesgo.
Así pues, en todo este contexto, ¿hay que confiar en la iniciativa privada? ¿qué papel juega la administración o, mejor dicho, la administración local? ¿qué se podría hacer en Ibi? Veamos dos ejemplos:
La innovación promovida por la administración.
Un pequeño pueblo de Granada, Jun, ha conseguido ser, desde hace ya bastantes años, líder mundial en la sociedad de la información. El 27 de diciembre de 1998, Jun declaró el acceso a Internet derecho universal de todos los ciudadanos, dato que apareció publicado hasta en el New York Times. Desde entonces, hay red wifi gratuita en el municipio.
A partir de ahí han trabajado a fondo la alfabetización informática y la disposición de recursos para toda la población, incluyendo la firma electrónica en soporte USB, que cada vecino lleva colgado del cuello como un escapulario. Los usuario de Internet suponen el 85% de la población. Sobre esa base han construido los servicios de administración electrónica, con la vista puesta en eliminar trámites, más que en digitalizar la burocracia.
En junio de 2001, el ayuntamiento de Jun celebró el primer Pleno interactivo municipal a nivel mundial. El entonces Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, declaró a Jun lugar natal de la Teledemocracia Activa.
La innovación promovida por un particular:
En la localidad es Abla, al pie de la Alpujarra almeriense, los cambios no han venido de la mano del Ayuntamiento, ni de Guadalinfo, sino de la iniciativa de un ciudadano inquieto que ha contagiado su fiebre a un buen número de vecinos. Ahora hay más de 30 blogs en Abla, y una red social rural que pretende aunar esfuerzos.
Así se explica que Abla, por mera iniciativa ciudadana, haya conseguido, por ejemplo, ser reconocida como miembro de la red europea de Living Labs. O que un municipio apegado al apellido "rural" se atreva a ser una referencia en innovación sociosanitaria. Así, el pueblo entero, de la mano del Instituto de Innovación para el Bienestar Ciudadano (I2BC), se está convirtiendo en un gran experimento en la búsqueda de soluciones para mejorar la autonomía personal y la calidad de vida de las personas.
Muy interesante el planteamiento de cómo conseguir acceso a Internet en el pueblo. En lugar de plantear una red municipal, lo que han hecho es convencer a los dueños de los bares para que instalen wifi abierta y gratis en sus locales. Hoy en día, un bar sin wifi en Abla está en desventaja competitiva. Personalmente, puedo contar que no hace mucho, en Alicante, encontré una zona con wifi abierta en la Plaza Gabriel Miró, así que que puesto a elegir el restaurante para comer, escogí uno que tenía wifi (abrí el ordenador portatil en la mesa y mientras comía actualicé este blog, despaché el correo y navegué un poco por Internet).
Conclusión: las únicas respuestas válidas consisten en asumir el reto de convertirse en activistas de la innovación, desplegar intensidad en diferentes frentes a sabiendas de que a veces es la casualidad (buscada) la que se cruza en el camino.














A menudo llegan mensajes con repertorios de ideas maravillosas, decálogos de consejos sobre las más diversas materias (amor, negocios, tiempo libre, ...), hasta que llega un momento que uno desconfía de tantas ideas aparentemente buenas y decide hacer su vida por libre. No soy aficionado a los libros de autoayuda, y mucho menos los dirigidos a empresarios y ejecutivos "dinámicos" a fin de optimizar su trabajo con algunas reglas basadas en ideas filosóficas de segunda mano..gif)





