lunes, 10 de agosto de 2009

Contra la construcción

Gracias a una transcripción que he hecho mi cuñado, he podido conocer un texto escrito por Agustín García Calvo y publicado en El País el 27 de junio de 1983. Sorprende la clarividencia de este filósico que, a veces, nos habla de "la política que no hacen los políticos que hacen la política que hacen los políticos".

Clama el profeta Negued-Hazman sobre la brea hirviente de las calles; entre el clangor de las hormigoneras y el chirrido de las laminadoras , así clama el profeta:

“Esclavos de la grúa y el cemento, hijos de la idea, ¿A qué seguís ahí haciendo lo que ya está hecho? ¿ A qué seguís trabajando para que se cumpla lo que ya está escrito?.

Otra vez vuelve el grito de la tierra a estallar entre mis barbas y mis dientes: pues una y otra vez seguís vosotros sin oírlo y construyendo ciegamente vuestra tumba.

¿Habéis olvidado del todo aquellas artes que se os criaron de la lucha con la selva y el desierto?. ¿Las que vinieron del empeño con la madera bruta y el choque con el peñasco?.

¿A tal punto habéis llegado a creer que las casas y ciudades se trazan a partir de la idea de casa y de ciudad?: ¿tanta fe en las cuatro rayas y cálculos del Arquitecto? .

¿No sentís ya nada de aquella inspiración que venía de abajo, de las condiciones y dificultades del sitio y la materia?. Pues tales fueron las musas de vuestros abuelos.

He parado ha poco en la vieja estación de Barcelona-Término: La armazón cubierta saca al cielo las vías por dos bóvedas gemelas que se curvan a la izquierda levemente.

Fue que las líneas de los muelles del puerto y calles de la ciudad y los ángulos conflictivos que debían tomar las vías impusieron sus condiciones y así salió esta solución airosa.

Pero lo que es ahora, ¿se curvaría nunca el plano y el hierro en ingenios tales?: ¿no se cargaría la idea todas las condiciones para imponer la más bárbara geometría?.

He visto una mansión de hidalgos pobres en un pueblo del Aliste alzada en un resto pizarroso: sabio juego de huecos, de tejados y peldaños confortaron mi corazón.

Era que el desnivel del suelo, los menos y lajas de pizarras que asomaban habían ido inspirando asimetrías de planos de techumbres y de ventanas y escalones para umbrales en la peña.

Pero al lado se ve lo que sabéis hacer ahora: unas cargas de dinamita y una “retro” en pocos días hacen el Justo raso donde plantarle al emigrante próspero la estructura cúbica consabida.

He visto cerca de Begíjar, corriendo por los llanos de Jaén, un puentecillo con cuatro arcos que van menguando en proporción oscura, más o menos como de “9:6:4:3”.

No se qué dificultades del terreno o que aprovechamiento de sillaresç viejos lo inspiraron; pero sé que hoy os las saltaríais todas para tirar un modelito de puente a regla.

He oído como en viejos teatros ajustados a las limitaciones que solares, locales circundantes o presupuestos impusieran, florecía la voz por escena y sala como en caja de resonancia..

Pero vosotros disponéis de las facilidades de la megafonía: ¿para qué andaros ingeniando?: hacéis un teatro como un almacén o un hangar, con los cinco planos de viguetas de hormigón que bien sabéis.

¡Ah infelices y conformes siervos de la idea y el proyecto!, ¿A tal punto habréis olvidado que toda fuente de creación mana de abajo, del espeso fondo de lo no préviamente calculado?.

¿ Tan ciegos estáis por la luz que desde el cenit os distribuye a cada uno el Dios de todos?, ¿Ya no veis cómo surge del choque del ingenio con el cuarzo la simiente del fuego creativo?.

¿Qué estaba ella en la resistencia de los materiales y los sitios, y en las trabas también que ponían las creaciones y propiedades de los hombres anteriores, que con ellas os hacían debatiros?.

Tomad también el testimonio de la poesía: ¿no veis lo que pasaba con aquellos que se liberaban de las trabas del verso y del juego de las reglas sintácticas y de las condiciones de la tradición pública?.

Acabaron por no hacer otra cosa que decir lo que ya estaba dicho, lo que estaba inscrito previamente en la Historia de la Literatura, por quedar reducidos a la expresión y el significado.

Y en cambio, ¡cuantos versos forzados por ocasión y por encargo, que han resultado al fin más inspirados, más por tanto útiles para la gente, memorables y perdurables!.

Y ¡cuántas ocurrencias y giros de poemas promovidos por esas verdaderas musas que son el yugo del esquema rítmico o mejor todavía, la lucha con la gramática imperiosa.

Os dirán los poetas por la cuenta que les tiene, que si es que eliminamos el impulso expresivo y creador que nace de lo más íntimo del alma o del sujeto o del yo o como le llamen.

Pero vosotros no escuchéis a los poetas más bien oíd a la poesía: no saben ellos reconocer hasta que punto el individuo, el sujeto, acaso yo soy una copia del Señor de Todos.

Y cómo al querer expresar lo más personal y lo más mío, no puedo hacer otra cosa que proclamar una vez mas la ley que a todos trata de organizarnos desde arriba y a mi uno entre todos.

Solo de la tradición impersonal y las costumbres del oficio transmitidas, solo de la lengua, que es común y no es de nadie, pueden brotar las aguas de la inspiración y la creación: de lo no hecho.

Y solo por debate con las palabras arbitrarias y el sufrimiento común de los que las hablan se da acaso el milagro de que por medio de uno, se diga algo de nuevo, algo que uno mismo no comprende.

Y os dirán asimismo los contratistas y sumisos arquitectos, que es que esas formas contra las que clamo están impuestas por la necesidad y por los tiempos.

Os dirán que esa repetición del modelo consabido a que se ha visto reducido su ingenio y sus construcciones todas la condicionan leyes económicas ineludibles, que al fin son para el bien de todos.

Pero vosotros no os creáis a esta manera de entender la economía, desconfiad de todo esto: si bien miráis veréis que lo que os venden por razones económicas ni siquiera es claro que lo sean.

Mejor buscad el fondo de las supuestas necesidades económicas, estas de la destrucción por medio de la construcción, de la repetición inexorable del módulo, de la inacabable creación de nada.

Veréis que cuanto más sencillamente os preguntéis “¿A quien le sirve?, ¿de que le vale?, ¿quién lo demanda?, mas abstractas y vacías se os irán volviendo las razones económicas, y si no lo son…

Si no lo son por bajo del fantasma económico se os aparecerá el espíritu de la razón más verdadera: un ideal de lo feo, de lo triste , de la nada es lo que asoma tras la Empresa.

Bajo el imperio de esta religión se os enseñaba a ver que lo práctico y realista habrá de ser feo y duro, estúpido y aburrido; y es de aquí de donde deducís que lo triste y feo será lo práctico y real.

¡Llevad cuidado, no sea la obediencia al ideal supremo de la estupidez consabida, de la reproducción de la nada, lo que está moviendo vuestro trabajo y rigiendo vuestras vidas!.

Ese amor de la tristeza planificada y la miseria distribuida, de no hacer sino lo que esta hecho y decir solo lo que esta dicho, ése es amor de muerte, Ley del Señor de todos. Es amor de la Muerte” …

Así clama en la calle trepidante en el desierto populoso el profeta Negued-Hazmán; clangor de las hormigoneras, berridos de automóviles arrastran sus palabras confundidas con los sollozos de los muertos.

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