domingo, 22 de marzo de 2009

Políticos profesionales y políticos vividores (y 2)

(Continuación)

No: yo estoy pensando más bien en un hombre o mujer de entre 35 y 40 años, que entra a militar de muy joven al partido XX, que no ha llegado a un lugar de alta dirección (desde donde, como digo, es más fácil "recolocarse" en caso de derrota política) y que nunca ha hecho nada más que trabajar por el partido; como mucho, estudiar una carrera universitaria deliberadamente orientada a trabajar por el partido.

La crítica que se puede dirigir a este tipo de políticos (y técnicos políticos) profesionales es que llega un momento en que dejan de ser políticamente de fiar en razón de su falta de libertad. Me refiero a que, cuando menos a nuestra sociedad, uno pone los primeros cimientos de su carrera profesional cuando tiene entre 16 y 25 años, y se va estableciendo conforme va llegando a los 30. Pasado este tiempo, las oportunidades por emprender una carrera profesional propia van escaseando. Y si un solo exhibe a su currículo que ha sido liberado de las juventudes del partido XX durante la adolescencia, técnico del ayuntamiento de Matalafuga del Comptat durante la veintena y concejal a partir de los treinta, a parte de un breve período veraniego trabajando de dependiente a una tienda de víveres o de camarero a un bar, las posibilidades de remontar el vuelo laboral una vez perdido el cargo son muy escasas; o escasas, siendo generoso.

Y, claro, en un partido moderno, en mayor o menor medida, la distribución de cargos depende de la voluntad del aparato. Es aquí donde se encuentra el motivo por el que este cargo intermedio de 35 y 40 años sin oficio ni beneficio fuera de la política profesional acaba, finalmente, por no ser de fiar: porque llegada una cierta edad se encuentra con que decir "no" a la dirección de su partido puede comportarle, no ya perder una batalla política, sino también encontrarse abocado a la miseria. A la miseria económica pero, sobre todo, a la personal: a nadie le gusta ser un pequeño poderoso y pasar, de golpe, a tener que arrancar de cero en su vida profesional.

La única salida por este político profesional de baja y media categoría es la de alienar su criterio propio y adoptar el de la gente de la que depende. A partir de aquí, este chico o chica de 16 años que entró al partido XX porque luchaba por sus ideales acaba a los 35 años, sin renegar de estos ideales, acaba poniéndolos sin embargo en un segundo plano (en aras a su estabilidad profesional) justo en el lugar donde se supone que está por defenderlos: el partido. Y cuando son muchos los que se encuentran en esta situación, el clientelismo y las presiones ("vota esta enmienda a tal o cual congreso o te vas a la calle") pasan a ser una herramienta jugosa para decantar congresos y elecciones. Es el fenómeno que alguien, con poca conciencia de la desgracia personal que eso comporta, denomina "estómagos agradecidos".

¿Qué hacer, pues? Resulta fácil proclamar la buena intención de acabar con este tipo de política profesional y la disposición a reclutar para los cargos públicos y de partido solo a gente que haya hecho previamente algo más que vivir de la política. El hecho, sin embargo, es que cuesta ponerlo en práctica. Cuesta, antes que nada, porque para el aparato de un partido resulta extremadamente tentador colocar en lugares estratégicos gente que dependa de él no solo políticamente sino también económica y laboralmente. Y cuesta, en segundo lugar, porque no siempre hay donde elegir: si a la sección local del partido XX a Matalafuga del Compat resulta que el único militante válido por encabezar una candidatura municipal es un chico joven que no llega a los treinta y que aún no ha tenido tiempo de hacer un par de años de currículo profesional independiente, con total probabilidad se le ofrecerá el lugar, y el chico se verá en el complicado dilema entre arriesgar su independencia personal o fallar a su compromiso con el partido.

Por ello, porque por vicio o por necesidad los partidos pueden empezar a crear militantes dependientes laboralmente de las directrices del aparato, es por el que se hace necesario la previsión de toda una serie de mecanismos que limiten las posibilidades de caer en este error. Por ejemplo, la tan hablada limitación de mandatos; o, por hablar de los jóvenes, la regulación de bajo qué condiciones se puede o no se puede contratar a militantes jóvenes del partido para tareas, tanto técnicas como políticas. Por ejemplo, yo encuentro de cajón que por trabajos indefinidos de jornada completa no se debería contratar ningún menor de 30 años que no tuviese una carrera universitaria, una titulación profesional o un negocio propio. Así se evita que, por ambición o por vocación de servicio al partido, un chico o chica joven acabe dejando de lado los estudios o una incipiente carrera profesional para centrarse en su trabajo en el partido.

La política profesional es un mal menor y es necesaria. Es un mal menor porque pese a los riesgos que comporta para la integridad de la política, que no son pocos, permite que esta no sea un lujo de ricos; y es necesaria porque la política moderna es una tarea tan especializada y absorbente que difícilmente obtendrá éxito en ella quien no se dedique en cuerpo y alma mientras la ejercita. Un partido moderno siempre se encontrará en desventaja respeto de sus competidores si no dispone de una plantilla de técnicos bien preparada y duradera a lo largo de los años y de un conjunto de políticos profesionales que mantenga el ritmo del partido durante largos períodos de tiempo con independencia de los posibles cambios de liderazgo.

Pero constatar que la figura del político profesional es necesaria no significa ignorar que es un mal menor, y que hay que prevenirse contra los males mayores que puede ocasionar. Entre ellos, que acabe resultando que un político profesional determinado "solo" puede aspirar a ser un político profesional, y que por tanto se vea obligado a dejar de lado sus principios y su criterio propio por evitar caer en la miseria. Llegado a este punto, el político profesional, en lugar de vivir solo "por" la política (como sería lo ideal) o "de y por" la política (como es el mal menor), acaba viviendo "de" la política y, después y solo después, "por" la política.

4 comentarios:

Vicente dijo...

Veo retratados a algunos de los políticos locales y no solo de los que gobiernan.

Toni dijo...

No hay espectáculo en el mundo que pueda compararse con la política y por ello existe la siguiente paradoja: menos de la cuarta parte de los españoles dicen que les interesa la política, y a la vez, los dos tercios o más del
tiempo de los medios audiovisuales o de las páginas de los medios escritos se dedica a la política local, regional, nacional, internacional o global.

A la vista de recientes experiencias (y de otras que duraron cuarenta años) no es usual en el español medio aceptar que los políticos le parezcan personas desinteresadas, y que
la política sea una actividad seria, profesional y honesta como cualquier otra profesión.

Pesan demasiado los antecedentes históricos y no menos las desilusiones no tan lejanas. Muchos de nuestros conciudadanos opinan como Michels: "A menudo,
la honradez que se supone a un político no tiene más mérito que la de una virgen
que nunca ha sido cortejada".

Pero en el fondo es evidente que nos interesa la política: por su contenido, o incluso por el espectáculo en sí mismo, que desde las peculiares veleidades de
Clinton a las solemnes perogrulladas de Aznar, satisface una curiosidad que ningún
otro acontecimiento es capaz de llenar. Su única competencia es el fútbol, que tiene la gran ventaja de su intrascendencia.

Basseta dijo...

Aquí en Ibi el PP lo tenía todo controlado y marcaba a su antojo hasta la agenda de los asuntos informativos.

Su tarea venía propiciada por el ambiente de exuberancia económica de los últimos años, que había relajado al personal y tenía atontada a la oposición.

En este pequeño paraíso ibense no había espacio para la discrepancia con Mayte Parra & Cia., ni eco apenas para mis denuncias sobre convenios urbanísticos sospechosos.

Todo estaba bajo control hasta que se produjeron una serie de sucesos concatenados que lo han hecho trizas. Para empezar, un denodado y en cierto modo súbito interés periodístico por los documentos que demostraron las irregularidades en la gestión de Ana Sarabia; después, unas acertadas preguntas a la alcaldesa sobre el pago de su trajes (perdón, de sus viajes); y, por último, lo que apareció en prensa sobre presuntas irregularidades de algunos técnicos municipales, todo lo cual ha convertido a Mayte Parra y a Miguel Ángel Agüera, como destacadas cabezas visibles del PP ibense, en el pim-pam-pum de la sátira más inclemente de algunos medios informativos y, especialmente, de los ciudadanos que desconfiaban de ellos (y posiblemente hasta de alguno que confiaba).

Deduzco que su futuro político quedará arruinado si no exhiben pronto las facturas de haber pagado sus viajes y los extractos de la tarjeta Visa del Ayuntamiento.

Vicent dijo...

Deuriem posar sobre la taula les causes de: L’increment del vot en blanc i del vot nul, la baixa identificació amb els partits, la poca confiança en les institucions i el desprestigi del personal polític. Tots junts hem de posar de la nostra part per recuperar la confiança en el sistema democràtic, que sabem que no es perfecte, però dins la història de la humanitat està demostrat que és el menys dolent.

Related Posts with Thumbnails

Blog Rank

Twingly BlogRank

Contador de visitantes

Lo último publicado en blogs ibenses

È