sábado, 21 de marzo de 2009

Políticos profesionales y políticos vividores (1)

Ni un refugio de gandules ni una ganga de trabajo: la política profesional es un oficio esforzado, duro y no siempre gratificante, de manera que no resulta en absoluto apropiado calificar al político profesional de "vividor". Además, la profesionalización de la política es lo que permite que no solo se puedan ser políticos los ricos. Evidentemente, la política profesional comporta el peligro constante de que el político acabé más preocupado por progresar en su carrera profesional como tal político que no en gobernar y representar al pueblo y a su partido como le dictan los valores que se supone que defiende; pero se trata de un riesgo que convierte la política profesional en un mal que, no obstante, no deja de ser menor y necesario.

Hoy día, solo se puede vivir "por" la política si en alguna medida se vive "de" la política. El problema no viene cuando una persona vive "de" la política; el problema real y casi insalvable viene cuando la persona "solo" puede vivir de la política porque nunca ha hecho méritos en ningún otro campo donde pueda desarrollar una carrera profesional. Es entonces cuando el vivir "por" la política deja de estar en plano de igualdad con el vivir "de" la política por pasar, inevitablemente, a quedar detrás suyo. Y es aquí cuando el político profesional deja de tener criterio político propio y pasa a adoptar incondicionalmente el del aparato de partido del que depende su estabilidad económica y laboral, bajo la amenaza latente que esta dependencia comporta.

El político profesional es un espécimen con muy mala prensa hoy día, hasta el punto que los propios políticos profesionales suelen negar que lo son. Cuando uno se dedica a la cosa pública, siempre viste bien exhibir currículo en la empresa privada, en el mundo académico o en general en cualquier ámbito más o menos ajeno a la política. La pregunta es ¿por qué se produce este fenómeno; por qué la figura del político profesional cae tan antipática? Me viene a la cabeza, sin duda, la primera crítica que se le dedica al político profesional; seguramente la más extendida y, como suelo pasar en estos casos, la más equivocada e infantil. Consiste en afirmar que una persona que vive exclusivamente de la política es, en algún sentido, un "vividor"; que, de alguna manera, ser un político profesional es una ganga, una trabajo que en realidad no es tal, un refugio para gandules.

Digo que esta crítica es equivocada e infantil porque, con pocas excepciones, la gente que vive de la política hace más horas que un reloj, sometido a fuertes presiones y a un ritmo que muchas veces no se conoce en el mundo de la empresa privada. Un diputado, un Concejal o un secretario de partido no solo debe preocuparse de hacer una jornada laboral como cualquiera trabajador (full-time en no pocos casos), y no solo se debe preocupar de batirse contra enemigos feroces que quieren eliminarlo del mapa, como le pasa a cualquiera empresario o directivo, sino que además debe llevar con cuidado la gestión de su imagen pública y tener claro que, si cae, su fracaso no será privado sino que se producirá en ojos de la opinión pública, con el escarnio que eso comporta.

Por supuesto que el político profesional recibe grandes recompensas por sobrevivir a los horarios absurdos, a los enfrentamientos politiqueros y a la parte pública de su trabajo; recibe influencias, un buen sueldo, poder, un lugar entre los altos estamentos sociales. Pero el caso es que la recompensa no es gratuita y, por más que el tópico nos haga pensar en la política como un oficio paradisíaco, poca gente puede aguantar el ritmo y la presión que comporta la política profesional.

Una segunda crítica es la que nos dice que la gente que lleva los asuntos de la cosa pública debería vivir "por2 la política y no "de" la política. Una crítica esta que tiene su punto de sensatez, pero que desde una motivación idealista e ingenua acaba, paradójicamente, recalando en aguas profundamente reaccionarias. El punto de sensatez se encuentra en cuanto a que, efectivamente, los servidores públicos no deberían tener un interés privado al servir al público, y que pagarles un sueldo (a menudo generoso) por hacerlo espolea la llegada a la arena pública de personajes dispuestos a mirarse la política como un simple campo laboral más. El punto de ingenuidad se encuentra en cuanto a que esta visión ignora que por la inmensa mayoría de la población resulta imposible dedicar a la política las horas que requiere sin cobrar un buen sueldo a cambio, ya que difícilmente uno puede llevar el ritmo de trabajo de un diputado (o de un concejal de un municipio) sin cobrar ni un céntimo y al mismo tiempo tener una trabajo por ganarse la vida. Y la consecuencia reaccionaria es que, debido a eso, si la política dejase de ser una actividad remunerada solo se podrían dedicar los que tienen una almohada económica suficiente como por estarse unos años de su vida sin cobrar un sueldo; es decir, los ricos. Aristóteles, teórico del republicanismo antidemocrático a la antigua Grecia, insistía en la necesidad de eliminar el misthón (el sueldo que cobraban los ciudadanos que asistían a la Asamblea de Atenas) para restaurar el poder de la aristocracia griega a las polis que habían evolucionado hacia la democracia.

Pero hay una tercera y última crítica que tiene, en mi opinión, una importancia demoledora. No es una crítica dirigida al político profesional como tal, sino a una clase muy particular de político profesional: el que vive de la política y, además, no tiene ninguna posibilidad razonable de vivir de nada más que de la política. No estoy pensando paso en políticos conocidos que han tenido una trayectoria profesional centrada exclusivamente en la política, pero que tiene una posición laboral medianamente asegurada (Garrigues Wolker, por ejemplo); la gente que llega a este nivel de poder e influencia poco deben sufrir por su futuro profesional, ya que por mucho que pierdan su cargo siempre serán valores bien recibos en ámbitos adyacentes a los de la política (como los medios, las fundaciones sociopolíticas o la sociedad civil), por no hablar de que los propios partidos tienden a "recolocarlos" en lugares donde se puede aprovechar su vasta experiencia y sus demostradas (por la práctica del éxito) dotes de liderazgo.

(mañana continuará)

8 comentarios:

Santi dijo...

Estoy de acuerdo contigo, ser político no es una ganga. Y totalmente de acuerdo con la afirmación que viviendo de la política se olvida uno de gobernar para realizar lo que sea necesario con tal de revalidar su poder, incluido dejar en manos del "partido" las decisiones importantes, con tal de no ser movido de su silla.

Pero aunque el oficio de político sea esforzado y duro, a nivel local tiene demasiadas recompensas y a otros niveles quizás tenga demasiado pocas. Que el Alcalde de Alicante, por muy duro que sea su trabajo, cobre dos veces lo que cobra el Presidente del Gobierno creo que no es de recibo, por ejemplo. O que un simple concejal con dedicación exclusiva en Ibi ronde los 3.000 euros netos de salario mensual....qué quieres que te diga, me parece un sueldo no ya elevado, sino generosísimo, máxime cuando la mayoría de estos concejales, en sus quehaceres privados antes de ser concejales no llegaban ni a la mitad de ese sueldo en su mayoría.

Lo que hay que hacer es de una vez por todas realizar una tabla salarial para alcaldes y concejales, clasificada por habitantes, y que de ahí no se pudieran salir. Porque los políticos, donde más cobran, es en el ejercicio del poder municipal, cuando es obvio que a nivel autonómico o estatal tienen muchísima más responsabilidad.

Y reflexionando, lo peor es que siendo político te tienes que acostumbrar y tienes que tolerar que desde blogs como este te saquen las vergüenzas día tras día.

Claudio dijo...

¿Cuántos políticos han estudiado Ciencias Políticas en la Universidad?

Si es una profesión, habría que tener un título, ¿no? Aunque sea un cursillo que garantice que sabes algo de las Leyes y Normas que regulan esa función y la función pública, los procedimientos administrativos y todo lo demás, para que no pasen cosas como las que, con demasiada frecuencia, pasan en Ayuntamientos y otras Administraciones.

Con esto no quiero decir que sólo puedan dedicarse a la Política los que tengan carrera, sino que hay que tomárselo tan en serio como quien pretende dedicarse a fontanero, electricista o arquitecto: si realizas mal tu tarea, van a reclamarte responsabilidades, o al menos así debería ser.

Anónimo dijo...

El alcalde socialista de Alcaucín que guardaba bajo un colchón 160.000 euros ¿era profesional o vividor?

Iberut dijo...

Si todo eso está muy bien pero la política va quedando cada vez más desprestigiada por culpa de los políticos. Y ojo que a mi Camps, como cualquier otro político trepa me la suda, pero me resulta vergonzoso que con la cantidad de corrupción que hay en el Psoe, Garzón solo se dedique a los de siempre y sobre todo cuando hay elecciones, que desde que acabaron que ya no hay filtraciones, vamos que tendremos que esperar a nuevas elecciones para ver más casos.

Vicente dijo...

La selección de las personas que van a incorporarse a una lista electoral es responsabilidad de los partidos. Sus dirigentes y afiliados deberían ser rigurosos y no meter a nadie que no haya demostrado unas determinadas cualidades fuera de la política. No se trata de hacer una carrera universitaria como dice Claudio, pero sí que habría que exigirles algo más que ser simpáticos.

Anónimo dijo...

Los políticos profesionales son una plaga en España. Son gente que ha encontrado en la política privilegios y riqueza. Se hacen conservadores y el principal objetivo de sus vidas es ya mantenerse en el poder. Están políticamente agotados y carecen de ideas atractivas y de capacidad de relación con el electorado, pero son unos expertos en la técnica del apalancamiento. Es casi imposibles jubilarlos.

Alfonso Guerra es uno de los ejemplos más notables de "político profesional" español, y el suyo es el comportamiento típico del que consiguió privilegios y riqueza gracias a su actividad política durante décadas.

Anónimo dijo...

"Si no desarrollas una cultura democrática constante y viva, capaz de implicar a los candidatos, ellos no van a hacer las cosas por las que los votaste. Apretar un botón y luego marcharse a casita no va a cambiar las cosas."

Noam Chomsky

Anónimo dijo...

Solo hay que ver a LLamazares.Cuánto esfuerzo empleado y todavía no ha conseguido cargarse el partido.

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