viernes, 27 de febrero de 2009

Valores de izquierdas y de derechas

Tenía pensado escribir estas letras desde el mismo día que leí un post de mi amigo Narcis Sastre, hace unos meses. En él, por resumir, Sastre afirmaba que el discurso de los valores está “volviendo a la política" y que eso está suponiendo el tantas veces predicho fin de las ideologías. El ejemplo más actual de este “discurso de los valores” sería, para Sastre, el triunfo de Barack Obama. Entre líneas, se puede leer el autor atacando la diferenciación entre la izquierda y la derecha, afirmando que el mundo se ha vuelto demasiado complejo como por ser analizado desde este prisma, y que afrontar los retos del futuro requiere del abandono del mismo y la vuelta al discurso de los valores. Sastre afirma que “solo hay que leer los discursos de muchos políticos europeos, los cuales parece que hayan descubierto que detrás de los viejos dogmas ideológicos, ya sean de derecha o de izquierda, la razón no tiene cabida”. Y añade: “Tony Blair lo supo ver”.

Que Sastre invoque a Blair como ejemplo de político preocupado por la cuestión de los valores es un buen indicador de hasta qué punto el autor va desencaminado en sus apreciaciones sobre las relaciones entre el eje izquierda-derecha y los valores políticos. Blair, como pocos políticos europeos, ha contribuido a vaciar de contenido moral el discurso del centroizquierda, a alejarlo de la preocupación por los principios para centrarlo exclusivamente en la preocupación por los resultados electorales a corto plazo; perspectiva donde la apelación a los valores, cuando es, tiene un valor puramente estético, hecha de la manera más chapucera posible. Félix Ovejero (Proceso abierto. El socialismo después del socialismo) lo explica mejor que yo:

“Que los juicios (...) sobre el cambio de perspectiva normativa de la Tercera Vía no son humo de paja lo prueba afirmaciones como la siguiente: 'El balance entre lo individual y aquello colectivo ha sido distorsionado. Valores que son importantes por los ciudadanos, como la realización personal y el éxito, el espíritu empresarial, la responsabilidad individual y el espíritu comunitario, han sido subordinados a las garantías sociales universales', procedente de una declaración conjunta de Blair y Schröder. (...) De entrada, parece que los valores (que son importantes para los ciudadanos) son importantes porque los ciudadanos los consideran importantes. De manera que si, volátiles, mañana los ciudadanos se levantasen racistas, se deberían repensar las propias convicciones por aproximar las identidades al ideario del partido nazi. Después, la amalgama. Amalgama, en primer lugar, porque de pasada, entre valores genuinos, se cuelan 'el éxito' o 'el espíritu empresarial . Valores, lo que diríamos valores, lo son la igualdad o la libertad. Sirven, por ejemplo, por condenar una sociedad esclavista o una dictadura militar. (...) Sobre finalidades, sobre lo que debemos conseguir o rechazar, las frases citadas no dicen nada. Con 'éxito' y 'eficacia' se puede dirigir un campo de concentración o una común hippy. Con 'espíritu empresarial" funcionan los narcotraficantes colombianos, los casino de Las Vegas y los negocios del Vaticano. (...) Por supuesto, no se trata de prohibir 'el espíritu', pero eso no quiere decir que se haya de incluir a un ideario”.

En realidad, tomar conciencia de la importancia de los valores no significa ni abandonar ni atenuar la división entre las derechas y las izquierdos. De hecho, la importancia de esta división proviene precisamente de la diferente interpretación que ambos espacios políticos hacen de un valor central del mundo moderno: la igualdad. Y se tome la posición que se tome en este aspecto, no es de recibo calificarla de “dogmática” como si nada. El dogmatismo no se detecta en la adhesión, ni tan siquiera en la adhesión entusiasta y firme, a un valor o a unos valores, sino en la negativa a revisarlos a la luz de las contradicciones morales que puedan suscitar a quien los dice sostener. Es, por ejemplo, el dogmatismo que se revela en aquellos que denuncian toda subida de impuestos como un “atentado contra la libertad” al tiempo que celebran o disculpan las toneladas de dinero del contribuyente regaladas en los bancos en premio por su irresponsabilidad.

Tampoco es “dogmático” el hecho de adherirse a lo que Sastre llama “ideología” y que yo prefiero llamar ideario. Asumiendo que los problemas sociales son diversos y multidimensionales, los juzgamos y hacemos nuestro diagnóstico a partir de diferentes valores. Situados frente, por ejemplo, del sistema de castas hindú, podemos condenarlo tanto apelando a la defensa de la libertad como la de la igualdad. Esta necesidad de mirar la sociedad desde varios valores lleva, a menudo, a que la realización de estos variados valores entre en contradicciones.


Por poner un ejemplo absurdo: mi adhesión al valor de la igualdad de oportunidades me dice que de entrada un ciego debería ser contratado para cualquier trabajo sin tener en cuenta su deficiencia; pero mi adhesión al valor de la defensa de la vida humana me lleva a pensar que seguramente no sería una buena idea ofrecerle el trabajo de conductor de autobús. A niveles más complejos y menos evidentes, los humanos intentan jerarquizar sus valores y determinar qué relaciones (de oposición o de apoyo mutuo) existen entre los valores que sostienen. Y es esta jerarquización y precisión de las relaciones entre valores el que toma el nombre de “ideario”.

En el mundo moderno, cuando un ideario (una jerarquización de valores) toma cuerpo en torno a la disputa “más igualdad o menos igualdad”, decimos que este ideario se sitúa “más a la izquierda” o “más a la derecha”, respectivamente. Y aunque dentro de los idearios “de derechas” y “de izquierdas” pueden haber muchísimas y profundísimas diferencias, la clasificación sigue siendo útil. Permite capturar de una manera muy visual la división existente en toda sociedad moderna entre los que quieren (en alguna medida) ir hacia una sociedad más igualitaria y los que consideran que su sociedad ya es bastante igualitaria o, incluso, excesivamente igualitaria. Y eso ni es dogmatismo, ni daltonismo, ni nada de eso: simplemente es una clasificación útil para diferenciar los idearios políticos por lo que respecta a su relación con el valor más polémico de los tres que conformaron el trío sobre el que se basó la Revolución Francesa. Una clasificación que, por cierto, y con otra terminología también está presente, y mucho, en EEUU.

El “discurso de los valores” ni tiene mucho que ver con Blair, ni es una invención de Obama. El discurso de los valores es una constante del mundo político norteamericano; y vale decir que más allá del tópico que afirma que a EE UU la división entre izquierda y derecha no existe con la misma importancia que a Europa, en realidad en la gran república atlántica existe desde hace décadas una virulenta guerra política, cultural y social entre liberales y conservadores que hace que las diatribas entre el centroderecha y el centroizquierda europeos pasen como simples peleas de patio de colegio. Y es que al mundo de hoy día la cuestión de la igualdad, que es la issue axiol que divide las izquierdas y las derechas, continúa siendo “la” cuestión.

Hoy, pues, y más que nunca, hablar de valores políticos sigue significando hablar de derechas e izquierdas.

6 comentarios:

Guripa dijo...

Un amigo que recientemente ha pillado un alto cargo público me decía que veía corrupción por todas partes. Por su experiencia decía que cualquier alcalde, concejal o funcionario estaba dispuesto a hacer lo que se le pidiera con tal de que hubiera pago de dinero por medio, y no distingue entre derecha o izquierda. Esta percepción contribuye a que los ciudadanos pierdan la confianza en las instituciones y dejen de creer en los valores democráticos y provoca en quien la practica que un hábito claudicante respecto a la corrupción. Las frases “ya no confío en nadie” y “todos son iguales”, muy extendidas entre los ciudadanos desencantados, favorece a los corruptos y a los inmorales. Con la idea de que todos son iguales se borran las diferencias entre la derecha y la izquierda. Es posible que haya barrios donde la delincuencia esté muy extendida y que en cada esquina haya un maleante, pero en ese barrio siempre encontraremos gente recta y correcta, siempre encontraremos personas moralmente buenas. Igual sucede en el mundo de la política: siempre encontraremos personas honestas y valiosas.

UPD dijo...

La vieja distinción izquierda-derecha ha perdido su significado. Ahora hay posiciones intermedias que ocupan un hueco entre ambas posturas extremas, lo que se conoce como “centro político”, que aporta los tonos grises necesarios para que, sin anular la diferencia entre lo blanco/derecha y lo negro/izquierda, permite una tercera solución.
Algunas personas, inteligentes y honestas, como Fernando Savater, Rosa Díez (y muchos otros) han percibido que esta dicotomía izquierda-derecha es cateta, manipuladora y poco significativa, al menos en los tiempos actuales. Sirve, especialmente, apara arengar a las masas.

Iberut dijo...

Los españoles de derechas están como acomplejados de decir que son de derechas. En Estados Unidos la derecha no tiene ningún empacho en identificarse como conservadora, o liberal, agrupados en el Partido Republicano, que predica un conservadurismo equivalente al del PP español, o sea la conservación de una tradición, una cultura y una forma de vivir compatible con el progreso de la humanidad y con la libertad individual. Estos valores de la derecha no son peores que los de la izquierda ¿no opinas lo mismo señora Mathilde?

Anónimo dijo...

Los valores de la derecha están muy claros: pasta, pasta, pasta, pasta, pasta, pasta, pasta, pasta, y ... por supuesto, pasta.

Toni dijo...

Al anónimo anterior habrá que recordarle que esa misma lista son los valores del PSOE, ayer con Filesa y mañana donde se presente.

Hoy mismo un alcalde del PSOE corrupto y detenido, como debe ser. Tan corrupto como el alcalde de de Boadilla, del PP o el anterior alcalde de Majadahonda, también del PP, implicados en la trama corrupta del PP. Esperamos noticias de Camps, que no paga los trajes a su sastre y muy nervioso le llama insistentemente mientras el sastre declara.

Basseta dijo...

Gracias Mathilde por tu esfuerzo y por tu colaboración.

Mi aportación a esta magnífica disertación va a ser transcribir aquí las palabras de José Saramago en un texto titulado "Izquierda":

"Nosotros tenemos razón, la razón que asiste a quien propone que se construya un mundo mejor antes de que sea demasiado tarde, pero o no sabemos transmitir a los demás lo que es substantivo en nuestras ideas, o chocamos con un muro de desconfianzas, de prejuicios ideológicos o de clase que, si no logran paralizarnos completamente, acaban, en el peor de los casos, por suscitar en muchos de nosotros dudas, perplejidades, esas sí paralizadoras. Si el mundo alguna vez consigue a ser mejor, solo habrá sido por nosotros y con nosotros. Seamos más concientes y estemos orgullosos de nuestro papel en la Historia. Hay casos en que la humildad no es buena consejera. Que se pronuncie alto la palabra Izquierda. Para que se oiga y para que conste.

Escribí estas reflexiones para un folleto electoral de Izquierda Unida de Euzkadi, pero también pensando en la izquierda de mi país, en la izquierda en general. Que, pese a lo que está pasando en el mundo, sigue sin levantar la cabeza, como si no tuviera razón."


Texto original en "El Cuaderno de Saramago"

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