martes, 23 de septiembre de 2008

Cine para recordar y pensar

Durante finales del s. XIX y principios del XX, el ucraniano Sholom Yakov Rabinowitz escribió decenas de relatos bajo el pseudónimo Sholom Aleichem (“la paz sea contigo”). Su trabajo le valió el apodo de “el Mark Twain judío”, y su mayor éxito lo consiguió con la novela “Las Hijas de Tevye”, que luego convirtió en la obra teatral “Tevye el Lechero”. En ellas se inspiró Joseph Stein para escribir el musical “El Violinista en el Tejado”, estrenado en 1964. Su título no procede de los libros de Sholom Aleichem, sino de una pintura de Marc Chagall, “El Hombre Muerto”, en la que se puede ver a un hombre tocando el violín sobre un tejado.

Hoy, 22 de septiembre, se cumplen 44 años del estreno en Broadway de "El Violinista en el Tejado", un musical que acabó llegando a la gran pantalla en 1971, cuando se rodó la adaptación cinematográfica, con guión del propio Stein. Se trata de una más que recomendable obra cinematográfica, de la que se pueden extraer muchas enseñanzas.

Yo vi la película muy joven y recuerdo que algunas de sus escenas dieron lugar a comparaciones con mi familia. Veo a Topol bailando en el establo y no puedo evitar recordar a mi padre. Recuerdo en la danza en los rusos en la taberna y no puedo evitar pensar en mi madre.

La banda sonora es espectacular y se ha convertido en todo un clásico. De la famosa canción “If I Were a Rich Man”, que da para mucho, extraigo este pequeño fragmento:

“Querido Dios, hiciste mucha, mucha gente pobre. Yo sé, por supuesto, que no es
una vergüenza ser pobre… ¡Pero tampoco es un gran honor! Entonces, ¿qué tan
terrible sería si yo tuviera una pequeña fortuna?”
Cuando la música no suena, lo mejor de la película está en las constantes conversaciones de Tevye con Dios, al que trata con respeto, pero sin que ello le impida echarle en cara algunas cosas.

TEVYE (a Dios): Lo sé, lo sé. Somos el pueblo elegido. Pero, de vez en cuando,
¿no podrías elegir a algún otro?
Porque resulta que la obra cuenta la historia dulce, conmovedora y real, de Tevye, un humilde lechero judío que vive en Anatevka, una pequeña aldea de la Rusia zarista de principios del siglo XX. Bendecido con cinco hijas, una esposa mandona y un caballo cojo, es testigo de cómo el mundo que le rodea va cambiando y derrumbándose; su situación y la de su pueblo es como la de un violinista en el tejado, tambaleándose tratando de guardar el equilibrio. Para empezar, su hija mayor se niega a aceptar al marido que él ha elegido para ella; al mismo tiempo, llega al pueblo Perchik, un joven idealista revolucionario que congenia con Tevye y trata de difundir la idea de que ha de producirse un cambio tanto en las tradiciones como en la política del país.

Entre otras perlas de la película, se nos narra el enfrentamiento entre Perchik, el idealista revolucionario, y Tevye, el protagonista, tradicionalista y humildemente ambicioso (si se admite dicha combinación). Es decir, el idealismo revolucionario frente al progreso individual y familiar.
Perchik: El dinero es la plaga del mundo.
Tevye:
Que el Señor me golpee con ella. Y que nunca me cure.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡SI YO FUERA RICO!

¿Cuántas veces has imaginado que te toca la lotería?

Conozco a personas que ni se lo han planteado y a unas cuantas más que lo han meditado seriamente, incluso plasmando por escrito una eventual distribución del dinero.

Si eres muy realista puede que hayas fantaseado con montantes modestos, de los que sirven para “tapar huecos”, que se suele decir. Pero si la cabeza te ha dado para pasar la frontera de los 3 millones de euros hacia arriba, ¿qué harías en el momento de saberte millonario?, ¿qué harías al día siguiente? ¿qué harías con el dinero?

Vicente dijo...

Recuerdo la película y me parece que que tuvo alguna nominación al Oscar, aunque creo que no le dieron ninguno. Casi de la misma época era "La Naranja Mecánica", de Kubric, con un mensaje totalmente diferente.

Agnóstico dijo...

A nuestro alrededor hay muchas personas que han vivido una situacion sejemante, viendo como se derrumba todo su mundo conocido y su forma de vida se inunda de modernismos y falsas revoluciones que conducen siempre al mismo sitio, a la miseria economica y moral.

Creo que ya lo advertía la biblia ... "vendrán falsos profetas..."

Saludos desde la Tierra Prometida

Anónimo dijo...

Se puede interpretar que el personaje del violinista hace referencia a la conciencia colectiva del pueblo judío, a la tradición misma. Al parecer las desgracias se ocurren una tras otra, pero el violinista esta presente para recordar algo, algo que solo esos tonos melancólicos pueden evocar, tal vez una promesa secreta, algo místico, puro, amigable e inmutable.

Al final, cuando el protagonista, cansado de todo, con deseos de mandar todo al diablo y sin el más mínimo deseo de ser judío arrastra su carreta, el violinista le recuerda DE DONDE VIENE, QUIEN ES y HACIA DONDE VA, y tal vez por lo mismo Tevye sabe que sin él no es nada, y esté donde esté tendrá que arrancar las mejores melodias que pueda a la vida.

Supongo que una de los mayores aprendizajes de este violinista, es que efectivamente la gran mayoría de nosotros hace lo mejor que puede, en el tiempo que tiene y solo por el hecho de que debe ser así, es más, todo esto se hace mientras nos equilibramos para no rompernos la cabeza y muchas veces el alma, en una sociedad que nos mueve permanentemente los cimientos de nuestras creencias.

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