lunes, 18 de agosto de 2008

Olimpiadas, política y patriotismo

Pienso que en los Juegos Olímpicos se ha ido devaluando parte de lo más genuino de sus esencias. Una de esas deformaciones parece vinculada a la asunción de la representación deportiva por los Estados, los cuales han encontrado una pantalla donde proyectarse como estructuras de poder. Buen ejemplo de ello dan las olimpiadas de Berlín, Moscú, Los Ángeles, donde los criterios políticos de los Estados primaron sobre los valores deportivos.


Que compitan los atletas, los equipos, pero que no lo hagan por países. Sería un gesto humanitario. Sin países, sin fronteras, sin himnos, sin banderas, sin religiones manifiestas o abiertamente expresadas, sería una fiesta maravillosa para el ser humano.

El deporte se ha convertido en algunos países en un arma ideológica. Con el escaparate deportivo cada nación trata de demostrar al mundo que sus sistemas sociopolíticos son los mejores, y sin embargo no siempre encontramos una correlación fidedigna entre el número de medallas conseguidas y la calidad de vida de un país. Sólo hay que ver el medallero.

Dejando aparte el espíritu de sana competencia y superación personal, las Olimpiadas tienen algo bélico, son ejemplos de batallas sublimadas, de guerreros desechables, de venganzas sobre anteriores derrotas. Como si de una guerra se tratase, los atletas llevan una vida espartana. Durante algunos años se les exprime al máximo, se intenta recuperar todo lo que en ellos se ha invertido, pero luego se les olvida como una revista vieja en un cajón.

Y como en todas las batallas, la arenga ocupa un lugar relevante. Se recurre a toda una serie de figuras retóricas y simbolismos para incentivar a los combatientes: la Patria, la Nación, la Bandera, la Raza, el Valor, el Enemigo… conceptos abstractos por los que murieron o fueron asesinados tantos y tantos hombres-soldados-obreros.

Ejercer y preservar la soberanía y unidad territorial, honrar a los héroes y próceres, cuidar y seguir las normas y valores que aseguran el bienestar común a los individuos del territorio, son vistos universalmente como valores patrios. Lanzar la jabalina; anotar un gol o parar un penalti, correr hasta la asfixia y ganar muchas medallas, parece ser que tiene un valor similar, pero esa comparación es absurda.

Cuando la confrontación pasa de la pista, la cancha, el vaso, etc. al medallero como valoración de lucha entre Estados, algo del espíritu deportivo a nivel global se está viciando. Cuando las federaciones deportivas se desmarquen de las estructuras estatales y compitan tan sólo en nombre del deporte bajo la única bandera olímpica, se habrá recuperado un verdadero valor signo de que el mundo camina realmente hacia la convivencia.

5 comentarios:

Claudio dijo...

Es muy complicado eso que propugnas, Mathilde. Por lo menos en el presente, cuando los planes de entrenamiento de los deportistas de élite, son financiados por becas estatales.

Los diferentes Estados consideran este gasto como una inversión cuyos beneficios se traducen en medallas, en éxitos deportivos, que reflejan una política más o menos correcta, un sistema más o menos eficiente.

Entiendo que a lo que hay que llegar es al Ideal, tanto en deporte como en política, en economía, en religión, en relaciones laborales... Eso, que parece una utopía, es la meta que debe perseguir la Humanidad en su conjunto, meta que no se alcanzará si no se siguen pautas de libertad personal y de respeto a los Derechos Humanos.

Competir es bueno, pero hay que saber perder y ganar reconociendo los méritos de los demás, igual que los propios.

Durante estos Juegos Olímpicos, me emocionó ver que, antes de la final de los 100 metros, los competidores se juntaron en un ruedo de petición, como solicitando del Olimpo su protección y guía. Ese espíritu de unión y de respeto es el que brilla entre los verdaderos deportistas.

Algún día se reflejará también en toda la Humanidad.

Anónimo dijo...

En una competición deportiva sobran las banderas y los himnos. El triunfo es de un deportista, de su esfuerzo personal y con eso debería ser suficiente.

Lavapies dijo...

Miedo tengo de que Madrid sea designada sede para las olimpiadas. Es preocupante la falta de presupuesto para cubrir importantes necesidades de los madrileños (hospitales, guarderías, residencias de mayores, instalaciones deportivas de barrio, bibliotecas, etcétera), por la falta de cabeza a la hora de invertir el dinero que muestran nuestros gobernantes, por el creciente poder de las grandes empresas constructoras, promotoras e inmobiliarias en Madrid, por las mentiras que siempre se repiten cuando se organiza un macroevento como las olimpiadas, por el exceso de optimismo bobalicón que embarga a periodistas, políticos del gobierno y políticos de la oposición, por los problemas medioambientales que supone el exceso de urbanización y la desmesurada proliferación de infraestructuras en nuestra región, por lo incómoda que hacen nuestra ciudad las obras y los caprichos urbanísticos, por el modelo de ciudad-espectáculo que tratan de imponernos, en el que nos montan un circo a la vez que recortan nuestras prestaciones públicas y se incrementa la represión.

Basseta dijo...

La propuesta de Mathilde tiene mucho de utopía y, como todas las utopías, resulta atractiva y deseable. Sin embargo, yo también pienso, como Claudio, que es complicado (como todas las utopías).

Pero menos me gusta la idea de que los deportistas vayan "contratados" o "comprados" por marcas comerciales. No me gustaría que se dejase de lado la bandera nacional del país del atleta para poner en su lugar la marca de Nike o el logotipo del BBVA, por ejemplo.

Las grandes corporaciones aspiran a suplantar el poder de los Estados. Coca-Cola puede tener más influencia en un momento dado que caulquier país tercermundista. Los patrocionadores deportivos podrían intentar desbancar a los estados y colocarse ellos como "bandera" de los deportistas olímpicos. Seria como salir de Guatemala para caer en Guatepeor.

Santi dijo...

Se que te lo he dicho ya alguna vez, pero es que no me viene otra calificación a tu propuesta más que es ingenua.

Claro que por utópica e ingenua tiene algo de atractivo.... pero es irrealizable, al menos en el contexto social en el que vivimos.

Tu argumentación está bien, pero olvidas una cosa muy importante: la promoción que del deporte es este escaparate de los JJ.OO.

Creo que es indiscutible que la práctica del deporte amateur es en todos los casos recomendable y deseable, y muchas veces el deporte es el antídoto ante problemas sociales como la violencia o la drogadicción. Y de esto se trata, de hacer de la vida deportiva, del cuerpo sano que practica deporte, un ideal que todos persigamos. Por eso también hace tanto daño el dopaje, consecuencia del mercantilismo y de lo que tiene el deporte de propagandismo de regímenes varios.

Dices que se ha perdido algo del espíritu olímpico. Claro que se ha perdido, tal y como lo concivió el Barón de Couvertain. Pero es que la supervivencia de este evento, y su deseada universalidad, hacía inevitable la apertura al profesionalismo. Y que una sociedad tan poco "respetuosa" con los derechos humanos sea la que encabeza el medallero (China) puede parecer producto de una indeseable política de cantera de producto a corto plazo y atleta desechable, pero no olvidemos que son 1.200 millones de chinos mal contados, ¡una sexta parte de la población! sólo por una cuestión aritmética es lógico y hasta razonable que arrasen en el medallero, son cuatro veces más que los EEUU por ejemplo.

Y si comparamos a los dos páíses líderes del medallero, uno lo es porque sus dirigentes han sacado atletas en todas las disciplinas buscando una demostración al mundo, y los segundos salen atletas normalmente hasta debajo de las piedras como método de enriquecimiento rápido de sus papis (vease la biografía de las hermanas Wiliams campeonas en dobles en tenis), puro mercantilismo. ¿qué es mejor?

Related Posts with Thumbnails

Blog Rank

Twingly BlogRank

Contador de visitantes

Lo último publicado en blogs ibenses

È