sábado, 12 de julio de 2008

El gran carnaval de los profesionales del cobro

Pese a mi condición de abogado en ejercicio no suelo tocar temas jurídicos en este blog por varios motivos que algunas veces he comentado. Curiosamente, sin ser economista trato más asuntos de teoría económica (que parece que apasiona a todo el mundo).

Sin embargo, voy a dejar por un día la temática habitual (política municipal) y trataré un tema que se centra en la intersección entre economía y justicia.

El número de IURIS (de la Editorial "La Ley") de Julio-Agosto aparece un interesante artículo de opinión-denuncia relacionado con la dificultad para hacer valer un derecho de cobro en vía judicial. El problema no es ganar sino ganar lo ganado... (ya sabemos aquello de "pleitos tengas y los ganes").

No destriparé al artículo, pues no utiliza un lenguaje común (está escrito básicamente para juristas) y me voy a permitir únicamente destacar un fragmento relacionado con la vía "parajudicial" o "paramistosa", por llamarla de alguna forma.

"Y es así como surgen esos extravagantes medios de recuperación de impagados mediante los archiconocidos colaboradores ataviados con disfraces de pantera rosa, del Zorro, tuno universitario, payaso, torero, pregonero, etc., sin
olvidar el siempre pulcro y elegante "cobrador del frac" (...)"

"Todo indica que estos pintorescos cobradores están de nuevo en una etapa de
esplendor, aunque la moraleja que arrojan es que, mediante la humillación
pública del deudor, lo que en realidad aflora no es más que una verdadera
humillación a la propia justicia."

Hace bastantes años (2002) que un juzgado de Zamora condenó por primera vez en España a un cobrador del frac por un delito de acoso y coacciones a un comerciante, presuntamente deudor de un dinero. De acuerdo con la sentencia también fueron sido condenados la propia empresa de cobro de morosos, con sede en Valladolid, y la firma que contrató sus servicios para que forzaran a pagar al comerciante en cuestión, que además demostró durante el juicio que había pagado la deuda que se le atribuía.

En el fallo el Juez sostuvo que el acoso al que había sido sometido el denunciante vulneraba varios artículos de la Constitución Española que protegen los derechos a poder disfrutar de la vida cotidiana y al libre ejercicio de una profesión. En la sentencia se impuso una multa para el cobrador de morosos y una indemnización de 3.005 euros por el daño moral causado, el daño a su imagen y a su reputación como empresario.

Actualmente, El Cobrador del Frac cuenta con varios competidores de enjundia, como El Pregonero, El Zorro Cobrador, El Torero del Moroso o La Pantera Rosa. El año pasado ya se comenzó a percibir el aumento de actividad de las firmas de cobro de morosos y otros métodos de presión; a principios de año hasta el ABC publicó un artículo sobre el asunto. Pero también es cierto que no dejan de pronunciarse Sentencias que condenan a estos "profesionales" por coacciones y amenazas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y que puede hacer uno cuando se le presenta el cobrador del frac a la puerta de su casa?

Pagador dijo...

La degradación pública es un método usado a muchos niveles, pero nunca al extremo de España en donde ridiculizar ya es una industria que genera trabajo y dividendos a cuenta del acoso y la vergüenza a quienes deben dinero.

Basseta dijo...

Si se presenta un cobrador de morosos, vaya vestido como vaya vestido, no hay que dudar en acudir al Cuartel de la Guardia Civil o al Juzgado a poner una denuncia, con independencia de que se deba o no se deba el dinero.

Hay casos para escribir un libro. En ocasiones, el cobrador de morosos está reclamando, por ejemplo, en base a unas letras que su tenedor ha descontado en un Banco y no tiene en su poder, lo que significa que si pagamos la deuda lo hacemos a riesgo de que luego el Banco (tenedor de las letras) nos la vuelva a reclamar. En otras ocasiones el cobrador de morosos se queda con más cantidad de la que le corresponde y nos encontramos con que nuestro acreedor no ha cobrado lo que pensaba y sigue incordiando. Si se tiene intención de pagar al acreedor, lo mejor es negociar directamente con él las condiciones.

Pero en mi opinión, nunca se deben aceptar amenazas ni coacciones de nadie bajo ningún concepto.

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