sábado, 3 de mayo de 2008

Lecturas y visitas recomendadas

Son tantas las cosas de las que me gustaría hablar y que no quiero que se me pasen, que no doy abasto con el sistema de una entrada diaria. Por otra parte, estamos en un largo puente y creo que me puedo tomar un descanso durante este fin de semana. Así que he decidido concentrar unas cuantas referencias que me parecen interesantes, para que todos aquellos que visitan la página habitualmente puedan, si quieren, seguir estas recomendaciones.

En la contraportada de el diario "El País" del día 1º de Mayo encontré un breve artículo de opinión firmado por Maruja Torres cuya lectura me permito recomendar. Se titula "Malditos palestinos" y está escrito en un tono de dramática ironía que no puede dejar indiferente a nadie. Todo viene a cuento de que ... "Hace dos días escasos, unos jodidos niños, junto con su madre, concibieron la perfidia de desayunar en su refugio del norte de Gaza, precisamente cuando unos proyectiles del Estado judío pasaban por allí, fumigando terroristas" (accede al texto completo).

También con ocasión del 1º de Mayo me llegó un correo electrónico de la organización Avaaz, en el que informan de que la inflación de los precios alimentarios podría hundir a millones de personas en el hambre y la miseria. Nos invitan a ver un video y nos piden que firmemos una petición, todo para ayudarles a parar la nueva crisis del hambre. Para el que quiera saber más del tema le recomiendo este especial de "El Mundo" o este artículo de "El Universal" de México.

Otra de las joyas que me encuentro en la bandeja de entrada me la mandan mis amigos de "La Carrasca" de Alcoy. Se trata de un extenso pero interesantísimo artículo de opinión que firma Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay), que pone al descubierto los problemas de la cultura del consumo, cultura de lo efímero, que lo condena todo al desuso mediático. Os dejo el primer párrafo (la negrita es mía) y un enlace al texto completo:


La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo (Leer el artículo completo).


Hoy mismo los de "La Carrasca" me invitan a leer un artículo de Javier Llopis en el Información titulado "Un precio apañado" y que trata sobre el proceso que se sigue en Alcoy para privatizar el uso y disfrute del paraje de la Font Roja.

En otro orden de cosas, mi amigo y paisano E.J. Fuster me ha invitado a ver las fotografías tomadas durante las obras de restauración de la cúpula de la Iglesia. Se puede acceder a su web en el siguiente enlace y una vez allí hay que hacer click en "Imágenes ibenses".

Y hablando de fotografía me despido con una muy curiosa: aquí no queda nada claro si se ofrecen dulces de las monjas bebidas, o si por el contrario es dulces de las monjas por un lado y bebidas por otro.


5 comentarios:

Claudio dijo...

El tema es tan grave, -el de la especulación alimentaria- que no nos podemos imaginar las consecuencias que va a tener en todo el planeta.

Y el caso es que lo peor que puede suceder es que nos entre el pánico, que los mayoritarios grupos de personas que cada día pasan a engrosar las filas de los que no pueden consumir, pierdan los estribos y pasen a ser los protagonistas de la mayor estampida social que haya sufrido nunca la Humanidad.

Lo que ha hecho que la sociedad actual haya alcanzado tan altas cotas de prosperidad, el consumo, será (si no se corrigen tendencias) el causante del mayor bacatazo que haya sufrido civilización alguna. Si la base, la alimentación, falla y pasa a ser artículo de lujo y de especulación, mal vamos.

Individualmente, bueno, cada uno verá cómo lo capea. Pero los que tienen la responsabilidad son los gobernantes, todos ellos. Desde los que gobiernan grandes países hasta los que gobiernan pequeñas ciudades.

Porque la sociedad, que lo es de consumo, hace lo que le marcan los grupos de poder desde el púlpito de la televisión y los demás medios controlados por ellos.

Queda la pequeña esperanza de enterarnos de cosas y coordinar actitudes a través de espacios como éste, libres de momento del control mediático.

Diagonal dijo...


href="http://diagonalperiodico.net/spip.php?article5771">El imparable aumento de los precios de las materias primas, y en especial el de los alimentos, ha provocado revueltas, manifestaciones y motines en rincones de todo el mundo, mientras las ONG alertan sobre las posibles consecuencias.

Vicente dijo...

Las causas principales de que estén subiendo cada vez más los costes de las materias primas son los agrocombustibles y la especulación. Por un lado, los agrocombustibles tienden a concentrar el poder de mercado en pocas manos (compañías graneras, empresas de transgénicos y petroleras). Además, se crea una competencia entre los cultivos para combustible y los cultivos para alimentación, en áreas sembradas y en recursos. Por otro lado, las grandes compañías compran a futuro y luego retienen. Controlan tanto los granos del futuro como los de ahora y, como retienen, sube el precio. Esta especulación no es nueva, pero la actual competencia entre comestibles y combustibles la hace más fácil. Sobre todo, porque el control sobre los granos se está consolidando cada vez más por la cultura de los biocombustibles

Free dijo...

En el año 2006, el Tribunal Supremo israelí ratificó por seis votos sobre cinco la Ley de Ciudadanía y Entrada a Israel, aprobada por el Parlamento (Knesset) en junio de 2003, que prohibe a los palestinos de los Territorios Ocupados casados con palestinos israelíes trasladarse a vivir con sus cónyuges a Israel. Además de vulnerar la legislación internacional contra el racismo y la discriminación, la medida avanza en el proyecto de segregar a la población de Cisjordania y obstaculizar la vida de los árabes dentro de Israel.

Pese al asedio, el muro y los controles, los más de un millón de palestinos israelíes siguen manteniendo sus lazos familiares, amistosos y amorosos con la población cisjordana. La ley afecta a cientos de miles de parejas, forzándoles a escoger entre que uno de ellos resida ilegalmente en Israel o el otro se traslade a los territorios a vivir bajo ocupación militar, pero no a las uniones entre israelíes y extranjeros, que suponen la cesión automática de ciudadanía israelí al cónyuge foráneo.

Desde que se empezó a aplicar la Ley, muchas mujeres cisjordanas viven ilegalmente con sus maridos en Jerusalén sin poder salir de casa ni desplazarse por miedo a ser expulsadas y separadas de sus familias.

La situación de ilegalidad e invisibilidad, además de privarlas de derechos civiles y del acceso a los servicios médicos, favorece la impunidad de los maridos en casos de violencia : las que sufren maltrato no pueden denunciarlo por miedo a que les quiten a sus hijos y, en caso de divorcio, el vacío legal favorece a los cónyuges que no respetan los acuerdos de custodia compartida o no pagan la pensión alimenticia a las mujeres.

Anónimo dijo...

Hace un tiempo, no demasiado, no hacía falta mucha cosa para ser feliz. Bastaba con tener la barriga llena, un techo sobre la cabeza y un poco de calor para pasar el invierno. Eso era todo lo que el humano necesitaba, y todo lo que el humano necesitaba para ser feliz (que no es lo mismo). Pero las cosas cambiaron. Y cambiaron mucho. Ya no basta con cubrir nuestras necesidades básicas para estar bien con uno mismo. Siempre hay que tener más, consumir lo último, lo mejor, lo que está de moda.

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