lunes, 26 de mayo de 2008

Errores judiciales en España

Llevo bastante tiempo con la intención de hablar sobre un asunto que me llamó mucho la atención cuando lo conocí por primera vez. Se trata de la historia del error judicial que ha llevado a la cárcel a un señor que se llama Jorge Ortiz, que no he querido tratar de forma sensacionalista sino dentro del contexto de los errores judiciales o, al revés, de la supuesta infalibilidad judicial.

Precisamente hoy leo en la prensa que, según consta en el último barómetro interno de opinión del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE), el 70% de los abogados valencianos cree que la Administración de Justicia funciona mal o muy mal, una cifra similar a la registrada a nivel nacional, con el 71%. Mientras, otro 18% considera que es buena o muy buena, y el 12% restante la cree regular.

Es cierto que la justicia a veces, bueno, casi siempre, es lenta. Lo que no se espera de ella es que también sea sorda y ciega, como ha ocurrido en el caso de Jorge Ortiz, al que un juez de Gijón ha condenado a 7 años de prisión por haber cometido dos atracos a punta de navaja, a pesar de que la testigo clave en el caso identificó a otro hombre como el autor de los robos, desdiciéndose ante la policía de una primera identificación. Incluso en sus declaraciones públicas asegura que no fue él quien le robó.

La mala suerte de Jorge Ortiz empieza en febrero del 2004, cuando se cometen en Gijón decenas de asaltos con navajas a comerciantes. Todos estos robos eran semejantes y cometidos por una sola persona y fue entonces cuando la policía comenzó a enseñar fotografías a los testigos, entre ellas la de Jorge Ortiz, que aparecía en los archivos porque en el pasado había cometido algún delito por el cual había estado detenido y fichado.

Ortiz pasó 4 meses en prisión preventiva. Durante este tiempo los atracos continuaron hasta que un día la policía detiene a otro hombre, Miguel Robles. Cuando la mujer que había testificado vio la foto de este hombre lo identificó al momento, ¡era é!, pero ya era demasiado tarde. La policía no envió la diligencia al juez y durante el proceso, aunque insistió en que el culpable era otro, el juez no la creyó.

Su abogado ha agotado todos los recursos posibles y sólo queda la posibilidad de que sea indultado por el Gobierno.

De entre los errores que se dan a conocer, en unos se beneficia el inculpado, como el caso del grapo absuelto, y en otros se castiga al inocente, como el de un hombre condenado por violación pese a que las pruebas biológicas lo exculpaban y que ha pasado tres años de cárcel hasta que el Supremo lo ha absuelto.

Pero recientemente hemos podido asistir a una lamentable cadena de omisiones judiciales en el caso del presunto asesino de la pequeña Mari Luz Cortés, que ha podido estar en libertad durante los últimos años aunque pesaban sobre él dos condenas firmes (que sumaban un total de cuatro años y nueve meses de prisión) por anteriores delitos de abusos sexuales a menores. A excepción del padre, la conducta del resto de los que han intervenido en este asunto no puede calificarse sino de lamentable.

Nadie debe caer en el error de pensar que estoy deslegitimizando a la justicia pues comentar, o incluso criticar, algunas resoluciones judiciales es perfectamente legítimo. En un Estado de Derecho no hay terrenos intocables para la crítica respetuosa y nadie puede pretender hacer de los jueces una especie de casta de infalibles, porque no lo son. Son personas de carne y hueso que están expuestos, como todos los profesionales, a un fallo (¿nadie se ha parado a pensar porqué la parte más importante de una Sentencia se llama "Fallo"?).

Para terminar quiero recordar que en todos estos casos de errores judiciales existe una responsabilidad patrimonial de la administración que permite a las víctimas obtener una indemnización.

11 comentarios:

Sopalmo dijo...

Los jueces prevarican algunas veces, y muchas, se equivocan. De aquí procede su prestigio. Un juez infalible no amenaza más que a los culpables; un juez que yerra, amenaza a culpables e inocentes. Él es el juez verdaderamente augusto; nada escapa a sus ojos; nadie está seguro con él.

Iberut dijo...

Dios es el único que tiene la verdad absoluta y que no errará nunca. Los demás somos todos humanos y siempre expuestos al error.

El problema con la justicia es que algunos errores son tan clamorosos que incitan a pensar si habrá algo más.

Colega dijo...

Esta historia que cuentas del juez que no quiso saber nada del testigo que había cambiado su declaración me ha recordado una frase que dijo Cicerón: "De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error"

Vicente dijo...

Todos sabemos que equivocarse es humano. La posibilidad de errar es una de las características congénitas de la naturaleza humana, de la misma forma que reconocer los errores y, cuando es posible, enmendarlos, también lo es.

El problema, no obstante, es que algunos errores no admiten reparación. Y el mejor ejemplo es la aplicación de la pena de muerte. En un caso así, y dada la trascendencia de la decisión, el más elemental sentido común aconsejaría buscar alternativas a esta decisión irreversible. A lo largo de la historia este sentido común ha brillado por su ausencia.

Anónimo dijo...

También hay muchos delincuentes sueltos gracias a las artimañas que se gastan los abogados para darle la vuelta a las cosas más evidentes y liar a los jueces. Si una persona ha delinquido debe pagar y punto, lo demás son zarandajas.

Basseta dijo...

No creía que fuese necesario recordarle a nadie que el principio de presunción de inocencia es uno de los más sagrados de la justicia penal: no castigar a nadie mientras no se haya determinado que es culpable de un delito, pues el riesgo de castigar a un inocente debe ser evitado al máximo.

El principio de presunción de inocencia no es un invento reciente sino que ya fue proclamado en el siglo XVIII por los más grandes pensadores ilustrados. Este principio responde al más elemental sentido de la justicia: es preferible la impunidad de un culpable que la injusta condena de un inocente. Sobre todo cuando la condena implica la privación del bien más preciado del ser humano: la libertad.

Para evitarlo, el derecho de todos los países democráticos tiene claramente establecido que la privación de libertad (o cualquier otra pena) sólo se puede imponer después de un juicio justo, donde el acusado haya podido defenderse y cuando el tribunal tenga pruebas para creer que es culpable sin ningún género de dudas.

Bertrand Russel, al que considero uno de los más grandes pensadores, ya dijo en su tiempo que "es preferible que noventa y nueve culpables puedan escapar a que un inocente pueda ser castigado."

Rosa dijo...

Estoy de acuerdo con Vicente. El hecho mismo de que se haya aplicado la pena de muerte a muchos inocentes por error judicial o por falsificación de pruebas, que de eso saben mucho en norteamérica desde el asunto de Sacco y Vazetti, es razón mas que suficiente para estar en contra de la pena de muerte.

J. Martí dijo...

Dereck Betley tenía 19 años y una edad mental de 11 cuando le ahorcaron en Gran Bretaña acusado del asesinato de un policía. Al alba, cuando la trampilla se abrió bajo sus pies, su madre puso en la nevera una botella de champán. Dijo que la descorcharía el día que probase la inocencia de su hijo. La madre falleció cuando las sospechas del error judicial eran consistentes pero aún no estaban confirmadas. La hermana del ahorcado cogió el testigo de la madre, y la botella de champán paso a su nevera. En 1993, a los 40 años de ser ejecutado, Dereck Betley obtuvo el perdón póstumo del Gobierno británico, que reconoció haber cometido un error judicial. La hermana sacó la botella de champán de la nevera y pronunció la frase más dura que puede decirse sobre una ejecución reconocida como errónea: "A Dereck no le sirve de nada el perdón póstumo".

Anónimo dijo...

Aclararte Basseta que el ánonimo de las zarandajas, no somos los mismo, el del otro dia: "la indefensión absoluta". Con este ánonimo no estoy de acuerdo, el deliquente debe pagar si, pero cuando se demuestre no cuando de crea que es culpable. Y en el contexto del otro día como este hombre era un raterillo, según se cuenta, pues volvemos a lo mismo, de haber sido loa Albertos, Mario Conde... pues otro gallo hubiese cantado. Pero como supongo no tenía recursos, pues abogado de oficio, etc, etc.

LA TARADA dijo...

"Voy de negro por el preso que paga el sueldo de una ley hecha a la medida del poder"

Fragmento de la cancion "el hombre de negro" de LOQUILO Y LOS TROGLODITAS

"el explicao" dijo...

Cuando algo se torna insuficiente de demostrar, lo razonable es dudar (in dubio,pro reo)no imputar.

Con cien conejos nunca se formará un caballo, como cien sospechas nunca constituyen una prueba (Crimen y Castigo).

Lo grave no es errar sino estar (h)errado.

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