lunes, 5 de mayo de 2008

El contrato de integración de los inmigrantes

Hace unos días me enteré por la prensa de que el Gobierno valenciano prepara una Ley de Integración del Inmigrante que contempla, al menos en su borrador, un “contrato de integración” por el cual los inmigrantes de países no miembros de la Unión Europea se comprometen a “cumplir las leyes y a respetar los valores, principios y costumbres españolas y valencianas”. La otra parte del contrato es, al parecer, el Gobierno de Francisco Camps, que asume un compromiso para facilitar a los extranjeros su plena integración en la sociedad y el respeto a sus costumbres y cultura, en el marco establecido por la ley.

Esta estrambótica idea, más propia de los tiempos de la Inquisición (según palabras de Isaura Navarro), que fue una de las promesas estrella de Mariano Rajoy durante la pasada campaña electoral, tiene un precedente en Francia, donde el entonces ministro de Interior y hoy presidente, Nicolas Sarkozy, propuso en 2004 exigir a todo inmigrante de un compromiso para respetar “los valores de la República Francesa, aprender la lengua y las leyes, así como aceptar la igualdad entre hombre y mujer".

En mi opinión, esta propuesta choca frontalmente con la idea del Estado de Derecho tal y como se ha configurado en el último siglo. El cumplimiento de la ley no puede ser nunca objeto de negociación, pues la ley y la Constitución son iguales para todas las personas y todas las instituciones. El propio Conseller de Inmigración y Ciudadanía, Rafael Blasco, incurre en una contradicción pues por un lado asegura que los inmigrantes que no suscriban el denominado contrato de inmigración "van a tener dificultades" para integrarse en la sociedad valenciana, y por otro afirma que la Generalitat no va a adoptar "ningún tipo de medida" contra ellos porque "los Derechos Humanos son irrenunciables". ¿Entonces para que sirve el contrato?

Las reacciones no se han hecho esperar y la diputada de los socialistas valencianos en las Cortes de la Generalitat, Nuria Espí, ha afirmado que la propuesta del Gobierno valenciano supone una "discriminación negativa" hacia este colectivo.

Con ocasión de una concentración el pasado 1 de Mayo, el secretario general de UGT, Rafael Recuenco, calificó de "auténtica barbaridad" la propuesta del contrato de inmigrantes y ha instado al Consell a "preocuparse más de sancionar y aplicar la ley a los empresarios desalmados que explotan y a las mafias que utilizan la inmigración” en lugar de hacerles firmar un contrato a los inmigrantes.

Incluso Esperanza Aguirre se ha desmarcado de la propuesta, afirmando que "el compromiso que tienen que asumir los que vienen de fuera es el mismo que los de aquí; cumplir las leyes".

Más me ha sorprendido la rapidez con la que la Conferencia Episcopal ha criticado esta iniciativa. El responsable de Migraciones de la Conferencia Episcopal y obispo de la diócesis Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, se refirió al contrato que pretende hacer firmar la Generalitat valenciana a los inmigrantes asegurando que éste no va dirigido "principalmente en el bien del inmigrante sino en la garantía de nuestros derechos e intereses". Reconociendo no conocer íntegramente el texto, afirmó que "tiene una filosofía" con la que no está de acuerdo. En este sentido, defendió "otros principios más humanitarios, solidarios y para nosotros, más cristianos". Las leyes de extranjería e inmigración están fundamentadas todas ellas sobre la defensa de los intereses nacionales y la regulación de la economía y del mercado, unos principios que, en su opinión, "no son los deseables", porque no considera a los inmigrantes en cuanto a sus derechos fundamentales sino como un motor de la economía.

Ayer nos enteramos de que este contrato, sin embargo, deja fueran los europeos residentes, 272.000 sólo en la provincia de Alicante, que según varios estudios realizados son los que menos relación mantienen con la población de acogida, y por consiguiente, los que menos se integran. Británicos, alemanes o franceses disponen de sus propios clubs privados, supermercados en los que encuentran su comida, medios de comunicación en su lengua e incluso empresas especializadas para el hogar.

El 25% de los europeos admite que no necesita saber español para vivir en Alicante, y el 75%, según una encuesta de la Universidad de Alicante, reconoce que uno de los motivos por los que pretende seguir viviendo en la Costa Blanca es porque no hace falta saber español. La mayoría admite que no tiene amigos locales y se mueve en sus círculos de amistades cerrados donde encuentran ayuda y colaboración. Para este colectivo, el Consell no piensa poner en marcha ningún tipo de medida que fomente su integración.

12 comentarios:

CC.OO. dijo...

Para hablar de integración social es necesario hablar de los asuntos que la provocan, como la educación, la sanidad, la prestación de servicios como la Ley de la Dependencia, el salario digno y la inversión productiva para que haya tejido empresarial en la autonomía que provoque riqueza. No sé de qué cohesión social está hablando el Conseller.

Rosa dijo...

Todos deberíamos aceptar con normalidad a los inmigrantes que llegan a nuestro país a buscar una vida más digna, como la que buscaron nuestros padres y abuelos al salir de España en los años 40 y 50.

No podemos pretender que los inmigrantes se integren convirtiéndose en "ibenses de pura cepa". El mestizaje es la máquina de la evolución. Hay que aprovechar la cultura que llega de fuera y dejar que se mezcle con la nuestra, de forma que se enriquezcan ambas.

Iberut dijo...

Estoy con Rajoy y Camps. Defiendo que los inmigrantes se comprometan a respetar las costumbres españolas. Se trata de respetar las pautas sociales que imperan en España, así como las costumbres del inmigrante siempre que éste no transgreda la legislación, como ocurre por ejemplo con la ablación del clítoris que sufren niñas musulmanas.

Anónimo dijo...

Desde los años cuarenta a los setenta del siglo XX, más de cuatro millones de españoles salieron de su tierra (emigrantes o exiliados políticos) con destino a otros países europeos o de Hispano América. Las personas, como los animales, huyen siempre de la miseria o de las dictaduras. Ahora son otros los que vienen buscando lo que en su tierra no encuentran.

Ahora el PP propone un contrato para los inmigrantes por el cual se comprometan a respetar nuestras costumbres. ¿Porqué? España es multicultural, y si a mí no me gustan las corridas de toros, por ejemplo, no tengo porque aceptarlas. Este me recuerda a la expulsión de los judíos que no aceptasen la religión católica, única y verdadera.

La derecha tiene un problema con los hechos diferenciales. Ni les gustan los inmigrantes ni los nacionalistas y, si pudiera, suprimiría la lengua vasca y catalana.

Vicente dijo...

Últimamente en España y en Italia se arremete contra los inmigrantes pobres, nunca contra los adinerados. Para el inmigrante millonario todo son facilidades, pero a los empobrecidos les pedimos que se vayan con sus penas a otra parte.

El Sr. Pizarro afirmó que no robar es una costumbre española cuando pocos meses antes había salido de ENDESA con un finiquito de más de tres mil millones de pesetas (para a continuación afirmar que “los inmigrantes ponen en peligro el sistema de bienestar de los españoles”).

¿Se puede ser más hipócrita?

Mathilde dijo...

"SOY POBRE, INMIGRANTE Y ADEMÁS NACÍ MUJER" (texto escrito el 23 de enero de 2001 por Elena Maleno, de El Ejido, colaboradora de la Secretaría de la Mujer de USTEA-ALMERÍA)

Las mujeres inmigrantes añaden al drama racista la cuestión de género. Si en nuestra sociedad
los extranjeros pobres constituyen un cuarto mundo, ser además mujer, las sitúa en la escala
más baja de la marginalidad.

Acceder al artículo de opinión completo

Marco dijo...

Cuando vine en España, intenté integrarme enseguida en la sociedad, sin reservas.
He encontrado un país muy tolerante y abierto, he hablado en castellano desde el primer momento y ahora puedo entender hasta el valenciano.
He podido trabajar, comprarme una casa, conocer costumbres y tradiciones, visitar lugares de norte a sur.
No necesito de ningún contrato, ni que me recuerden que debo de respetar las leyes de España, pq lo hago a diario, como un ciudadano mas.
Lastima que no me guste el ajoaceite: de verdad, no puedo con el.
Estaría entonces obligado a comerlo, puesto que en la Comunidad Valenciana es casi una obligación?
O debo de hacer por lo menos 20 minutos de siesta al día? O irme a los toros?
Necesito esto para una completa integración?
Vamos señores… es un crimen querer seguir hablando en inglés y comprar en supermercados donde venden productos de Reino Unido?
Que risa me provoca tu comentario, Iberut… la ablación en España es un crimen. Además, hazme un elenco de las costumbres españolas que debemos respetar. Ya que estas con Rajoy y Camps tendrías que saberlo.

Porcuna dijo...

Totalmente de acuerdo con Marco. Yo no nací en Ibi, pero desde que llegué tengo amigos ibenses, me casé con una "valenciana", he salido de festero muchos años y ni siquiera para enseñarme las "Danzas" he tenido que firmar un contrato. Me ha bastado con mi sentido común y mis ganas de aprenderlo todo.

CAMTO dijo...

¿Costumbres y pautas sociales españolas?
Iberut, dime, ¿Acaso respetamos nosotros las costumbres de ellos?
Y me refiero a los inmigrantes pobres, no a los que vienen a tomar el Sol, sino a los que vienen para mejorar su vida, realmente, sólo con pensar lo que tienen que pasar hasta que consiguen ser aceptados como personas, me produce una sensación de amargura extrema.

Estoy de acuerdo que habrá de todo, unos buenos y otros menos buenos, pero eso mismo tenemos en los llamados españoles, aquellos que como Rajoy y Acebes, o Zaplana, se les llena la boca de sentirse españoles, de los de toros, brandy cosa de hombres y macho ibérico.

No hacen falta contratos para hacer valer el sentido común, el respeto y la dignidad es lo que se ha de exigir, para los que ya vivimos aquí y los que vienen de fuera.

Respeto a quien le gusta el brandy, los toros o se siente más macho que ningún europeo por ser de raza española, y eso, a pesar de que no han firmado un contrato por el que deberían respetar mis gustos, aficiones y costumbres, que son diametralmente opuestas a la de ellos, y sin embargo, me siento alicantino.

Anónimo dijo...

¿A qué nos referimos cuando hablamos de extranjero? ¿Hacemos referencia a quienes vienen de África, de América del Sur? ¿O también incluimos a quienes vienen de América del Norte o del resto de Europa? ¿Y si yo me marcho a vivir a otra Comunidad, soy inmigrante en Madrid? ¿Y si trabajo en otro pueblo de la comarca, soy extranjero si trabajo en Castalla? ¿Hay una distancia mínima a partir de la cual se considera que si me desplazo soy extranjero?

Quisiera transcribir un poema de Rafael Amor, en el que se resume lo absurdo de considerar extranjero en un sentido despectivo a quien desconocemos.

NO ME LLAMES EXTRANJERO

No me llames extranjero por que haya nacido lejos, o por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo.
No me llames extranjero, por que fue distinto el seno o por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos.
No me llames extranjero sin en el amor de una madre tuvimso la misma luz, en la luz y en el beso con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.
No me llames extranjero ni pienses de donde vengo, mejor pensar saber a donde vamos, adonde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego calman mi hambre y frio y me cobije tu techo.
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo, tu mano como la mia, tu fuego como mi fuego.
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.
Y me llamas extranjero por que nací en otro pueblo, por que conozco otros mares, y zarpé un día de otro puerto, si siempre quedan iguales en el adios los pañuelos y las pupilas borrosas que dejamos lejos, los amigos que nos nombran y son iguales los besos y el amor de la que sueña con el día de regreso.
No me llames extranjero, traemos el mismo grito, el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre desde el fondo de los tiempos, cuando no existian fronteras, antes que vinieran ellos, los que dividen y matan, los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños, los inventaron un día esta palabra, extranjero.
No me llames extranjero que es una palabra triste, que es una palabra helada, huele a olvido ya destierro.
No me llames extranjero, mira tu niño y el mio como corren de la mano hasta el final del sendero.
No me llames extranjero, ellos no saben de idiomas, de límites ni banderas, míralos se van al cielo por una risa paloma que los reune en el vuelo.
No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mio, el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo.
Ellos no eran extranjeros se conocían de siempre, por la libertad eterna e igual de libres murieron.
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos, mucho mas alla del odio, del egoismo y el miedo, y verás que soy UN HOMBRE, NO PUEDO SER EXTRANJERO.

Mi conclusión es evidente, tratar de imponer la firma de contrato para que UN HOMBRE adquiera unas costumbres que consideramos buenas o mejores por el simple hecho de haber nacido o crecido en un lugar y no en otro, es simplemente aberrante.

Lliris Picó dijo...

"cumplir las leyes y a respetar los valores, principios y costumbres españolas y valencianas”. Em sembla una frase, si més no,"graciosa" quan ressona en un país en què ens mirem els uns als altres com a enemics simplement perquè som diferents, perquè parlem llengües diferents. I és més graciosa encara quan es fonamenta en la frase "el 25 % dels estrangers afirmen que no és precís saber espanyol per poder viure a Alacant". Tristíssim! L'altra cultura, l'altra llengua que no és espanyola i que caldria ser tinguda en compte per complir i respectar "los valores, principios, costumbres y leyes españolas y valencianas" ni s'esmenta... Aquest és el respecte del pp pel que és genuïnament nostre.

Santi dijo...

Digo yo, ese contrato lo firmarán los concejales del PP que no saben hablar en valenciano?? ¿Se comprometerán a hablarlo y escribirlo? Por cierto, yo nunca participé en las fiestas de mi pueblo ¿incumplo por ello el contrato y seré sancionado? Es más, es conocida mi militancia contra las fiestas "populares" de Ibi, pues las rechazo en su concepción y su desarrollo tal y como están planteadas, eso me convierte en un "transgresor" de las costumbres de los valencianos, al menos de los valencianos ibenses, ¿me libro de ser sancionado por ser ibense contestatario o lo seré por ser irrespetuoso con la costumbre de mi pueblo? Me asaltan muchas dudas al respecto, pero sobre todo una ¿seré considerado extranjero y por lo tanto obligado a cumplir un contrato de buenas costumbres por mi comportamiento o no es de aplicación en mi caso?
Pues si alguna vez me obligan a participar en las fiestas de mi pueblo, me pido el papel de abanderada, que es el que mas me gusta. Si tengo que pasar por ahí, que al menos sea de prota.

Related Posts with Thumbnails

Blog Rank

Twingly BlogRank

Contador de visitantes

Lo último publicado en blogs ibenses

È