martes, 22 de enero de 2008

El guateque de los tecnócratas

En estos días se habla y se escribe mucho sobre lo que está ocurriendo en Madrid con la Operación Guateque, en el curso de la cual se ha encarcelado a varias personas (empresarios y funcionarios del Ayuntamiento de Madrid) y se investiga la actuación de algunos técnicos responsables de la tramitación y concesión de licencias municipales.

Me imagino el calvario padecido por algunas personas que estuvieron meses presentando documentos en el Ayuntamiento, sin que les fuese concedida la licencia que solicitaban, hasta que, milagrosamente, aparece un “intermediario” que gestiona el asunto en apenas unos días aunque, eso sí, a cambio de una suculenta comisión.

Estos hechos lamentables me llevan a reflexionar sobre el papel de los “técnicos” en general y de los “técnicos municipales” en particular. Por mi trabajo estoy acostumbrado a tratar con peritos de las más variadas materias, es decir, con personas técnicamente cualificadas para emitir en un Juzgado un informe pericial para el que son necesarios determinados conocimientos científicos y técnicos.

Sin embargo, suele ser habitual encontrar que en un mismo asunto y ante los mismos hechos y pruebas, el perito-técnico de una parte dice “blanco” y el de la parte contraria dice “negro”. Al Juez le corresponde en esos casos la ardua tarea de encontrar la verdad de entre las argumentaciones utilizadas por cada parte, separando el grano de la paja.

Donde voy a parar es a que “técnicos”, como en tantas otras cosas, los hay de buenos, de regulares y de malos. Los hay que son muy honrados, otros son más bien peseteros, algunos son sumamente escrupulosos, otros sólo tiene buena presencia y buenas palabras, en fin, que no se puede generalizar.

De ahí que cuando observo un debate político en el que se esgrimen informes técnicos me pongo a temblar. Ningún técnico está en posesión de la verdad, pero a los políticos les gusta respaldar sus decisiones con “informes técnicos”, olvidando que, como dijo Schiller hace tiempo con malhumorada ironía, “La ciencia es una diosa, no una vaca lechera”.

Es necesario reflexionar sobre los peligros de una “tecnocracia” que defiende el vínculo entre la razón y el poder. La tecnocracia (desviación moderna de lo que antes fue burocracia) supone el problema de la imbricación entre el saber y el poder, de eso no hay duda. Pero hay que dejar claro que la tecnocracia no es “el saber” en general, no es sociológicamente asimilable al uso de la “razón”.

La administración tecnocrática convierte en superflua la formación democrática de la voluntad colectiva y resulta un peligro para la democracia. Por supuesto, nadie podría pensar excluir la técnica del mundo moderno (no porque no se pueda, sino porque dejaría de ser moderno), pero no parece sensato (ni las leyes lo pueden permitir) que el mundo moderno se limite a la técnica. Ni siquiera estoy dispuesto a admitir que la técnica es superior a la ideología, pues no siempre los técnicos puede partir de situaciones total y completamente racionales.

Cuando hay que hacer frente a un problema de forma racional habría que asumir que las decisiones que los técnicos tienen que adoptar se parten de las siguientes premisas:

a) un problema bien definido.
b) una gama completa de alternativas a tomar en consideración.
c) información básica completa.
d) información completa sobre las consecuencias de cada alternativa.
e) información completa sobre los valores y preferencias de cada ciudadano.
f) todo el tiempo y los recursos.

Sin embargo, hay que ver cuáles son las condiciones reales de la toma de decisiones y qué es lo que realmente se hace, por ejemplo, en un Ayuntamiento. Las decisiones reales se enfrentan a escenarios caracterizados por:

a) problemas ambiguos y mal planteados.
b) información incompleta acerca de las alternativas.
c) información incompleta acerca de los antecedentes.
d) información incompleta acerca de las consecuencias.
e) información incompleta acerca del rango y contenido de los valores,
preferencias e intereses.
f) tiempo, habilidades y recursos limitados.

Por lo tanto, asistimos muchas veces a situaciones en las que el político construye el escenario sobre el que luego pedirá al técnico su opinión. Con ambigüedades en el planteamiento del problema, medias verdades, información incompleta y recursos limitados, el técnico tendrá que emitir un informe cuyas conclusiones son fácilmente previsibles para el político.

El caso de la Operación Guateque, o de cualquier otro escándalo urbanístico que se quiera escoger (que los hay de todos los colores y tendencias), son la prueba palpable de que esto ocurre con alarmante frecuencia en la administración local española. Los grandes fraudes, las mayores ilegalidades, los “pelotazos” más sonados, han contado siempre con “informes técnicos favorables”.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

A los técnicos no se les vota en las elecciones. Ganan la plaza por méritos, concurso u oposición y se quedan para toda la vida de funcionarios. No sería mala idea someter su permanencia a la voluntad popular, por lo menos de cuando en cuando.

Mathilde dijo...

¿Qué resulta más barato, sobornar a un político o a un técnico?

Tengamos en cuenta que soborno es el ofrecimiento o aceptación de cualquier tipo de regalos, préstamos, honorarios,
retribución o cualquier otra ventaja prometida u ofrecida por o a cualquier persona con
la intención de inducirla a realizar una acción deshonesta, ilegal o que pudiera
ocasionar pérdida de confianza, en la conducción de sus actividades públicas o privadas.

Leyendo atentamente lo anterior llego a la conclusión de que la cultura del soborno está totalmente engastada en nuestra sociedad. Hay demasiadas personas que perciben como algo positivo la posibilidad de sobornar o ser sobornados. No hace falta irse a ningún país del tercer mundo.

ASPRIMA dijo...

Hace poco más de un año el Secretario General de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de madrid (ASPRIMA), José Manuel Galindo, propuso que se eliminase la arbitrariedad en las decisiones urbanísticas que toman las administraciones, haciéndolas públicas. He hizo también hincapié en la necesidad de controlar los convenios urbanísticos que firman ayuntamientos y promotores, pues "se han estado utilizando para vulnerar la norma y la legalidad".

IBENSE dijo...

Viendo como te metes con los burocratas, con los tecnocratas y con todo quisqui tengo la impresion de que te has equivocado intentando entrar en politica porque ese es el reino de los parasitos y chupopteros.

Acaso no sabias lo que habia antes de entrar. Acaso pensabas eliminar esos vicios desde EUPV.

IU Guadalix dijo...

Un alcalde (que lo fue) de un populoso municipio de la falda de la Sierra del Guadarrama no sentía ningún pudor a la hora de reconocer ante los propios que él "con un bolígrafo en la mano podía hacer millonario a quien le diera la gana". Bastaba con hacer la línea un poquito más a la derecha o un poquito más a la izquierda en el mapa.

Se refería sin duda al precio infinitamente distinto de una tierra si su calificación es de suelo no urbanizable o urbanizable en localidades donde ha desembarcado el boom inmobiliario desde hace un par de décadas. En nuestra página (http://www.guadalix.org/Documentos/urbn-corrup.html) ofrecemos el testimonio de quienes han estado, y en algunos casos están, a pie de pista del mercado urbanístico: promotores, constructores, políticos, comisionistas y técnicos municipales. Ellos nos cuentan, protegiendo su identidad, cómo funciona el lado oscuro del urbanismo.

Anónimo dijo...

Cada persona, desde el lugar que ocupe, tiene el derecho y, en mi opinión, el deber de intentar mejorar las cosas (digo mejorar y no cambiar, no es lo mismo). ¿Por qué no desde EU?

Basseta tiene ese entusiasmo. No es la única persona.

Lo que parece, observando nuestro entorno, es que mientras los que intentan mejorar las cosas para el conjunto de la sociedad se situan al lado más minoritario, los que intentan únicamente mejoras personales casi siempre están con las masas. Esto hace que siempre ganen los que abogan por el cambio, o por el cambio del cambio.

Entre cambio y cambio hay siempre quien consigue, además, mejoras personales (esto de "a río revuelto ganancia de pescadores"), eso resulta evidente.

Más difícil resulta llegar al convencimiento de si, con tanto revuelo, se han conseguido mejoras sociales. En este tema siempre hay que tener en cuenta el color del cristal con que se miran las cosas.

Santi dijo...

"Todo hombre tiene su precio" Esa máxima es la que rige en el actual sistema español de ordenación urbana. Como todo hombre tiene su precio, da igual quien seas y como te llames, alguna vez cometerás un error o tendrás una necesidad, te descubrirán tu error, aprovecharán tu necesidad y a partir de ahí eres uno más de los corruptos.
Así que lo que está mal es el sistema y perfeccionarlo es nuestra obligación y nuestro reto como sociedad. Y en el camino de la perfección del sistema todo aquel que cometa una falta y se le pille, a la cárcel, se llame como se llame.

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