miércoles, 12 de diciembre de 2007

En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de anonimato.

Quisiera dedicar esta entrada a todos los anónimos que muy amablemente (…a veces) dejan pequeñas huellas de sí en este blog, en el más absoluto anonimato: el titulo, por supuesto, se refiere a una puesta al día de la frase de Andy Warhol. Me parece fenomenal la tolerancia de Basseta por todos los comentarios que se leen en su bitácora, aunque alguna vez se escriban cosas por encima de esta línea roja que delimita el sentido común.

El anonimato permite navegar en Internet, escribir entradas en bitácoras, chatear, sin revelar nada de sí y esconderse detrás de una barrera “impenetrable”. Pero, el hecho de quedarse anónimo y querer participar en actividades normales de la vida cotidiana, está muy bien estudiado y analizado desde mucho tiempo, por sociólogos y expertos de medios de comunicación.

Veamos unas definiciones de esto fenómeno. Tal vez, la mas sencilla y directa es la que se encuentra en Wikipedia “El anonimato es el estado de una persona siendo anónima, es decir, que la identidad de dicha persona es desconocida. Esto puede ser simplemente porque no se le haya pedido su identidad, como en un encuentro ocasional entre extraños, o porque la persona no puede o no quiere revelar su identidad.”

No quiere revelar su identidad… es un punto muy importante, que demuestra cuanto sea sencillo escribir, opinar, criticar, contar, detrás de una cortina de humo como el anonimato. Pero, seguimos adelante:

“Disfrazar la identidad de uno puede también ser por elección, por razones legítimas como la privacidad y, en algunos casos, seguridad personal. Los criminales a menudo prefieren mantener su anonimato, como en el caso de escribir una carta con una amenaza o demanda.” Es un ejemplo límite, lo entendemos todos, pero significativo: cuando soy anónimo, me puedo permitir cualquier cosa, y nadie podrá saber quien soy. Creo que para muchos, sea una sensación de superioridad que sobrepasa la razón misma: soy libre de actuar y de hacer lo que quiero.
La pregunta es: que valor tendrán mis acciones, mis criticas, si nadie sabe de donde vienen? En un blog de Internet, su creador dice:

Un “anónimo” puro es aquel que no es identificable ni individualizable. Yo, a través de mi nick, sí soy identificable. Todo lo que escribo, lo firmo. Cualquiera puede enviarme un mail, o visitar mi blog.

Es un tema importante: identificar el autor de una opinión o critica, nos permite establecer un feedback, un intercambio; podremos contrastar opiniones, explicar ideas, tal vez entender mejor a nuestra posición y a los demás. Si nos quedamos anónimos, quien valorará lo que somos?

Hay varias razones que explican la existencia de los anónimos (siempre del mismo autor). La primera: El pudor. Es curioso, porque aunque el egocentrismo y la egolatría dicen (quienes me conocen y algunos de los que no) que es son algunas de mis características más reconocibles, cuando empecé el blog sentía (y todavía siento) pudor. Pudor a que alguien conocido pudiese leer lo que escribo, mis opiniones y mis cosas. Pudor incluso a que alguien conocido pudiese saber que escribo en un blog, mi mujer, algunos amigos, mis jefes, mis compañeros…

Quizá sea por una frustración: en la vida normal soy algo que no me gusta, mientras que en Internet puedo transformarme en algo que me gustaría ser, expresar opiniones tan tajantes y directas, enfrentarme a todos sin miedo… nadie sabrá quien soy.

La segunda: Cuando empecé con el blog, pese a no tener muy claro por dónde iba a ir (si sería un entretenimiento de un par de días o qué), tuve una percepción. Y es que si quería escribir cosas con las que cualquier consultor pudiese sentirse identificado, mi YO concreto debía estar lo más difuminado posible. ¿Por qué? Porque no importa tanto mi experiencia personal en sí, sino lo cercana que pueda resultar para otros, cuanto más diversos mejor.

A veces, el anonimato empieza a ser un obstáculo en las relaciones en Internet (de otra fuente):
Creo que se pasan por diferentes fases, primero con el anonimato, hasta que te das cuenta de que el reconocimiento y la imagen es lo único que tienes en la red. Cuando uno escribe, comenta y establece relaciones por foros y blogs, el anonimato comienza a ser un impedimento, no tiene sentido en una red social.

En fin, parece evidente que la condición de anonimato se quede en una zona de frontera, entre los deseos y lo que somos. Internet actúa simplemente como amplificador de estas contradicciones, debido a la gran cantidad de personas a las que potencialmente podrá llegar el mensaje de un anónimo. Como conclusión, un artículo de “El País” sobre el tema:

Sin comerlo ni beberlo, Internet ha propiciado la aparición de una nueva casta de seres virtuales, fútiles existencias camufladas tras el anonimato que la tecnología les dispensa. Allí, cualquiera puede soltar el mayor disparate, la mayor aberración, sin temor a quedar nunca ni en ridículo ni en evidencia.

Hay mensaje, pero no hay autor. Tiran la piedra, pero esconden la mano. Los motes y los sobrenombres -los nicks, en el lenguaje cibernético-, pensados inicialmente para facilitar la libre expresión, les han dado la inmunidad y la impunidad suficientes para transformar estos espacios para el debate y la reflexión pública en auténticos vertederos de basura para xenófobos maquillados, salvapatrias mesiánicos y pitufos frustrados, decididos a vomitar sus miserias ideológicas, personales y también ortográficas. No importa el qué. Eso sí, siempre de incógnito. Sin dar la cara.

1 comentario:

Basseta dijo...

Ante todo debo agradecer a mi buen amigo Marco que haya aceptado mi invitación para pasar a formar parte del "equipo de redacción" de esta bitácora.

Estoy bastante de acuerdo con la mayoría de sus manifestaciones, aunque le sigo dando vueltas al asunto. Me explico: el sistema que Blogger pone a disposición nuestra permite varias opciones, que van desde la prohibición de comentarios hasta la libertad absoluta, pasando por sistemas intermedios que permiten comentarios sólo a miembros registrados o sólo cuando el administrador del blog los autoriza.

Desde el principio tuve muy claro que no podía liberalizarse totalmente la posibilidad de hacer comentarios, ya que esta plataforma (de la que soy responsable públicamente, con nombres y apellidos) podría ser utilizada con fines injuriosos.

Por otro lado, no quiero actuar de "censor" permanente ni de "filtro" de aquello que llega para publicarlo en función de mis gustos.

Así que decidí optar por una de las soluciones intermedias, que consiste en poder leer los comentarios antes de autorizar su publicación, evitando que se deslice alguno claramente inadecuado.

Por suerte, a fecha de hoy puedo decir que únicamente he tenido que rechazar la publicación de un comentario (hace meses y era un caso claro de insulto racista y discriminatorio a un colectivo de personas).

Aprovecho la ocasión para decir a todo el que haya aguantado el rollo hasta aquí, que el que quiera puede seguir el ejemplo de Marco, mandarme un mensaje identificándose y convertirse en colaborador habitual de esta bitácora, lo que le permitirá escribir sus propias entradas sobre cualquier tema.

Saludos.

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