lunes, 6 de agosto de 2007

Los templos de Kajurao

Los templos de Khajuraho son una de las maravillas de la India, inmediatamente detrás del Taj Mahal y equiparables a Varanasi, Jaipur y Delhi. Entre el año 950 y 1050 llegaron a construirse un total de ochenta y cinco templos divididos en tres grupos: oeste, sur y este, de los cuales hoy en día quedan veintidós.

Estos templos, que se alzan como espectros montados sobre enormes plataformas en medio de campos de cultivo, son soberbias manifestaciones de la arquitectura indo-aria. Están muy bien conservados y se han hecho famosos por la profusión de sus esculturas y relieves, muchos de ellos de carácter erótico y algunas explícitamente sexuales.

Los escultores hindúes representaron muchos aspectos de la vida en la India de hace un milenio: dioses y diosas, guerreros y músicos, animales reales y mitológicos. Pero dos temas aparecen una y otra vez y con mayor detalle que en cualquier otro lugar: la mujer y el sexo. Figuras en piedra de apsaras o “damas celestiales” son omnipresentes en cada templo. Aunque con cierta desgana posan ante todo el mundo, como las modelos de Playboy posarían ante una cámara.

Se desconoce el porque del remoto emplazamiento de Khajuraho, elegida como capital de su reino por la dinastía Chandela (una dinastía que gobernó durante cinco siglos antes de caer ante el empuje del Islam), y se especula con el significado del erotismo de los templos. Existen teorías acerca de la finalidad didáctica de este kamasutra en piedra y otras explicaciones que relacionan las figuras con el tantrismo. En medio de los elementos decorativos están las mithuna, las representaciones eróticas que ofrecen toda la gama de posiciones y posibilidades del Kama Sutra. Algunas suponen unas contorsiones atléticas asombrosas, mientras que otras resultan divertidas.

En cualquier caso lo insólito de los templos y la belleza de su decoración, bien merecen una visita a este lugar, pues las abruptas paredes están recubiertas de esculturas, centímetro a centímetro, casi sin resquicios, formando parte integrante de la estructura general. Y rebasando la belleza plástica, mirando más adentro, se observa que cada detalle cincelado en la piedra entronca en las raíces mismas de la filosofía.

Casi tan intrigante como la absoluta belleza y las dimensiones de los templos es la cuestión de por qué y cómo fueron erigidos aquí. Khajuraho está muy lejos de todas partes, y probablemente se hallaba tan distante de las grandes rutas hace mil años como lo está en nuestros días. No hay nada de gran interés ni belleza que justifique semejante conjunto arquitectónico, no existe ningún núcleo de población importante en la zona y, durante el verano, Khajuraho es muy calurosa, seca, polvorienta e ingrata. La edificación de tantos templos de un tamaño monumental en sólo cien años debió de requerir un enorme contingente de brazos humanos.

Sean cuales fueren sus razones, podemos dar gracias a que levantaran Khajuraho donde lo hicieron, puesto que su aislamiento debió de contribuir a preservarla de la destrucción que los invasores musulmanes sembraron en los templos “idolátricos” del resto del territorio indio.

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