jueves, 23 de agosto de 2007

El chanchullo moral de las indulgencias

Yo estaba convencido de que las “indulgencias” habían quedado relegadas a simple anécdota histórica, ejemplo patente de la irracionalidad de algunos jerarcas de la Iglesia Católica, cuando voy y me entero (leer el ABC tiene estas cosas) de que el Vaticano ha decidido conceder a España tres Años Jubilares durante el 2008. Según parece, con ello se ofrece la posibilidad de conceder indulto y perdón pleno por todos los pecados, sin excepción, que haya cometido cualquier persona (imagino que se incluye a los terroristas), siempre y cuando lleven a cabo determinados actos de penitencia y viajen a alguno de los lugares propuestos por el Vaticano para el 2008 (Guadalupe, Oviedo y Tarragona).

Ante esta suerte de incentivos al turismo religioso no pude evitar sonreírme, pese a que la decisión no es más que una clara muestra de la línea involucionista que preside las acciones de cúpula de la jerarquía católica. El cambio de indulgencias por penitencia rememora los años en que Tetzel vendía parcelas en el cielo a cambio de donativos para construir la Basílica de San Pedro y que provocó la reacción airada de Lutero (y lo que vino después).

Pese a todo tuve curiosidad por refrescar mis escasos conocimientos de Derecho Eclesiástico y decidí investigar algo sobre el asunto. Lo primero que hice fue buscar el Código Canónico (confieso que no lo había vuelto a abrir desde que aprobé la asignatura en el segundo curso de mi licenciatura). Según el Canon 992, la indulgencia se define como “... la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos”. El que tenga curiosidad puede ampliar conceptos y clasificaciones en los cánones siguientes al 992.

Pero en mi búsqueda me encontré con unas interesantes referencias a la “Taxa Camarae seu Cancelleriae Apostolicae”, que es una tarifa que promulgó el papa León X en el año 1517 y cuya finalidad era vender indulgencias a todos aquellos que pudiesen pagar dinero, de forma que no había delito que no pudiese ser perdonado a cambio de dinero, por muy grave o detestable que fuese. Este testimonio de la corruptela imperante en la Iglesia Católica medieval tiene 35 artículos y constituye una buena prueba documental de que la decencia y las buenas costumbres dentro de la Iglesia Católica son la excepción y no la regla (ahora que tan de moda está demandar a los curas pederastas).

Todo esto debería ser sólo historia y hoy en día no son pocos los católicos que cuestionan estas prácticas, criticando abiertamente la concesión de perdón de pecados o la salvación del alma a cambio de cualquier esfuerzo humano, por muy penitente que sea. José María Díaz Bardales, párroco de Fátima, en La Calzada (que se define como "creyente, pero no forofo") afirma: "Me siento incapaz de explicar lo de las indulgencias". Causa sonrojo que en el siglo XXI el Vaticano, siga permitiendo esta estafa doctrinal, chanchullo moral para aprovecharse de los crédulos en el que se adelanta el resultado de ese supuesto Juicio Final en el que el juzgador debería gozar de más amplio margen de decisión ¿no os parece?

3 comentarios:

Mathilde dijo...

¿Quién no recuerda las estampitas con una oración al santo de cualquier devoción con la letra pequeña y cursiva al pie: "300 días de indulgencia"? Mi catequista me explicó todo aquello de las “bulas” y otros inventos con los que la Iglesia pretende ejercer su dominio sobre la conciencia y la libertad de los “fieles”, en esta vida y en la otra.

Me resulta ridículo que hablen de “remisión de la pena”, me suena a medieval o a la reducción de penas a los presos por el trabajo en la cárcel (que a veces no pasa de unas simples manualidades).

Pero sobre todo me parece contradictorio. Según tengo entendido, la pena que se evita cumplir con las indulgencias es el tiempo que se ha de pasar en el Purgatorio. Sin embargo, ahora la Iglesia dice que el Purgatorio ya no existe. Además, se afirma que el Infierno, “como lugar”, tampoco existe. En definitiva, no hay sitio donde cumplir las penas, de donde se desprende que no hacen falta indulgencias.

Anónimo dijo...

Yo no creo que hoy en día, en nuestra sociedad mecanizada, informatizada, mediatizada a tope, haya quien todavía se crea algo sobre el pecado y el castigo, sobre la pena y su indulgencia, sobre el cielo y el infierno...

Toda la parafernalia que envuelve a las religiones no pasa de ser algo así como arqueología folclórica, turismo religioso, tranquilizadores de conciencia...

La fe verdadera, supongo, no necesita de nada de todo eso. Tampoco se si necesitamos la fe verdadera. Dicen que no es la fe sino la duda lo que hace crecer al hombre.

Conozco a una persona de mente clara y despierta que suele decir: si yo fuera empresario, no contrataría a nadie que fuera creyente.

José Vicente dijo...

A mí me parece que todo esto de las indulegencias es otra de las acciones que está llevando a cabo la Iglesia Católica para darse bombo. Con todas estas decisiones, en un mundo como el actual, tan bien comunicado, lo que consigue es seguir estando ahí, conseguir publicidad gratuíta, que se siga hablando de ella. Siendo consciente como es de que cada día va perdiendo influencias (aunque sigue conservando algunas muy importantes) con este tipo de cosas lo que consigue es estar en boca de todos, que se hable de ella... pretender mantener hoy día lo que era válido y que se daba por bueno hace siglos. Está visto que sigue viviendo del pasado.

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