viernes, 17 de agosto de 2007

Crónicas del agosto ibense

Según opinión de muchos, estamos pasando esos días en los que Ibi se transforma en una suerte de pueblo fantasma, aunque nadie lo diría a juzgar por la animación que había esta mañana por el centro. Encontrar una cafetería abierta ha sido ciertamente complicado, pero las que hay estában a tope de clientela; así se entiende la iniciativa del Alcalde de Elche (que intenta convencer a los empresarios de hostelería para que no cierren todos al mismo tiempo). Y algo similar ocurre con los estancos y librerías: para comprar el periódico se tiene uno que recorrer medio pueblo.

Incluso hay cierta actividad laboral, pues un puñado de trabajadores se afana en el Carres Les Eres para poner a punto los postes que soportarán las banderas de las comparsas en las próximas Fiestas de Moros y Cristianos.

Pero todo es puro espejismo que dura hasta el mediodía, pues a partir de la hora de comer no hay un alma por la calle. Hay que esperar a que vaya cayendo el sol para ver algo de vida por la calle. A media tarde llego a Ibi por la carretera de Bañeres y observo que hay un par de personas rebuscando en el montón de basura del vertedero (o "invertedero", que ya no sabe uno exactamente cómo calificar a aquello que hay frente a la fábrica de CLR). Un grupo de vecinos los observa de forma atenta mientras los critican abiertamente, ¿qué les molesta? quizás les moleste la basura y los olores que provoca, pero a juzgar por sus gestos deduzco que les incordia más esa estampa tercermundista, impropia de un pueblo en el que se supone que atamos los perros con longanizas.

A pesar de todo, tenemos el refugio de las casetas de campo, propias o ajenas, a las que acudimos a soportar lo poco que queda de la tarde y a disfrutar de la palometa (una mezcla de cinco partes de agua y una de Anís seco), de las veladas, de las charlas a la fresca y del sonido de las chicharras primero ("bastante chillón pero no molesto ni irritante") y los grillos después.

1 comentario:

José Vicente dijo...

"Un pobre queda muy mal en la puerta, Juan" Esto lo decía un personaje de una popular serie de televisión... y así es como muchos piensan. Antes de reflexionar sobre la situación en qué tienen que estar estas personas para hacer lo que hacen, pensamos en el qué dirán los turistas o los demás vecinos del pueblo...
Por la televisión, todo son turistas y gente en los aeropuertos, pero no nos engañemos: hay mucha gente que no sale, así, aunque el pueblo parezca un pueblo fantasma, no lo es tanto, pues aun hay mucha gente que sigue en las fábricas, trabajando, en los talleres... gente que, a la mínima que puede, se va al campo a pasar el día o a la playa; pero que dormir, duerme en casa. Y es por esto que el pueblo parece tan vacío a determinadas horas, y tan bullicioso a otras.

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