domingo, 8 de julio de 2007

Es la llibertat una imposició?

Estic llegint un poc el diari, i em quede bocabadat al comprovar la manera de manipular i d'imposar les idees pròpies que tenen els que apleguen a tindre poder.

Personalment, pense que es millor que la religió estiga fora de l'Escola Pública, però, aixina i tot, no la suprimiria de colp ni faría res per que no puguera estar en igualtat amb les altres alternatives.

Trobe jo que fins ara, el PP no m'ha demostrat que tinga ni remota idea del que significa democràcia, i mira que hi ha gent que simpatitza amb eixe partit, que si que ho sap i que ho practica diariament.

Llástima que este tipus de gent no vullga enredrar-se en coses de política.

Es un insult per a les persones adultes, que els nostres governants no mos donen la llibertat per a triar. Com si fórem xiquets!

Encara que pot ser que en certa manera encara no tenim prou maduresa política...

5 comentarios:

Mathilde dijo...

Queremos mentes libres, ciudadanos librepensadores.

Propongo una decisión salomónica. Ni ceder horas lectivas a las Iglesias de las distintas confesiones, sean del credo que sean, ni para los manipuladores de las conciencias de los Ministerios de turno.

Anónimo dijo...

Quiero saber en qué le molesta a la derecha que haya una asignatura que no excluye para nada que las personas que quieran estudiar religión puedan hacerlo, faltaría más.

Quiero saber en qué le molesta a la derecha que se incorpore una asignatura que se estudia en 16 países de la Unión Europea.

Quiero saber en qué le molesta a la derecha que se enseñe a los niños conceptos como la igualdad de hombres y mujeres, la responsabilidad, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la justicia, la ayuda mutua, la cooperación.

Quiero saber en qué le molesta a la derecha que se enseñen en clase las normas y principios de convivencia que establece nuestra Constitución, que se valoren los bienes comunes, los servicios que son de todos.

Quiero saber en qué le molesta a la derecha que se pongan en valor y se conozcan y enseñen en las escuelas los Derechos Humanos.

Sólo tengo una hipótesis: les molesta porque están seguros de que suspenderían el examen.

Rosa dijo...

La derecha más recalcitrante, con sus obispos a la cabeza ya está empezando a hablar de objeción de conciencia de los padres en contra de la nueva asignatura.

La primera vez que escuché el término "objeción de conciencia" fue cuando tenía que hacer la mili y las revistas hablaban de los primeros objetores (jóvenes izquierdistas en su mayor parte).

Desde entonces, sólo he vuelto a ver objetores de derechas: los farmaceuticos que no quieren vender preservativos, los médicos que no quieren practicar abortos, los jueces que no quiere casar a homosexuales, etc., etc.

Que no lo dude nadie: dentro de poco veremos a profesores de ciencias naturales haciendo objeción de conciencia para defender su derecho a explicar a los alumnos que los niños vienen de París.

Seguimos los pasos de los norteamericanos y allí ya se empieza a imponer por esa misma vía la tendencia a explicar las tesis creacionistas frente a las evolutivas.

Vivir para ver.

Anónimo dijo...

He visto el último número de Alfa y Omega, el semanario de Rouco Varela.

Se trata de un monográfico para arremeter contra Educación para la Ciudadanía. Para ello, no dudan en emplear argumentos como que la asignatura es un instrumento más de una "mano negra" que pretende destruir España.

Junto a la asignatura está el intento de destruir a la familia y a la Iglesia, la carrera de Estatutos de Autonomía, o el reconocimiento del terrorismo como interlocutor).

Según estos mensajeros de Dios, no es un plan exclusivo de los socialistas, sino que se puso en marcha tras la muerte de Franco, cuando comenzó la "tiranía del consenso".

Susana Fortes en El País de ayer dijo...

Ahora con la Educación para la Ciudadanía, la iglesia oficial se ha echado al monte contra una asignatura que tiene la desfachatez de basarse en la Constitución y en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Algo absolutamente aberrante desde cualquier punto de vista que se mire. Una especie de anatema fundamentado sobre principios tan deleznables como el respeto a la diversidad, la lucha contra la pobreza, el rechazo al racismo o la igualdad entre hombres y mujeres. Hasta ahí podíamos llegar. Ya lo explicó monseñor Camino Martínez con más razón que un santo. "A nadie se le puede imponer una formación moral no elegida", por eso debe de ser que el nacionalcatolicismo fue durante tanto tiempo la doctrina del Estado. Visto desde esta perspectiva está claro que enseñar a los chavales a cruzar la calle cuando el semáforo de peatones se pone en verde es un claro desafío contra la ley divina.

Si Dios cayera del cielo sobre la coronilla del arzobispo García Gasco, saldría corriendo y no pararía hasta pedir asilo político en Andorra.

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