viernes, 29 de junio de 2007

Alimentos transgénicos y polémicos.

Cada vez se escucha más hablar de los productos o cultivos "transgénicos", término que viene a significar la inclusión de un gen extraño a un organismo. En el contexto biotecnológico, en un "trans-génico" se transfiere un pedazo de ADN de una célula a otra (por ejemplo, un gen de una bacteria a una planta de maíz).

Sin embargo, sería correcto en algunos casos emplear un término similar, pero no idéntico, que es el concepto "divergénico", mucho mas amplio, ya que además de los genes extraños también incluye las nuevas combinaciones de genes, mutaciones, hibridaciones y demás modificaciones genéticas y genómicas.

Desde el principio de su existencia, el hombre ha aprovechado la variación genética natural para seleccionar, por técnicas de cruce y selección, especies de plantas y de animales. En el campo de la alimentación ha utilizado microorganismos y enzimas para elaborar numerosos productos. La aplicación de la ingeniería genética entre las especies implica muy pocos cambios fundamentales con respecto a las técnicas tradicionales; sin embargo, es una tecnología revolucionaria puesto que permite identificar, aislar e introducir un determinado gen o genes en un organismo de una forma directa y controlada.

A causa de la elevada sofisticación tecnológica que la investigación sobre transgénicos requiere, son pocas las empresas que los producen (las principales son Novartis y Monsanto). Una estrica normativa (o así debería serlo) se aplica a estas multinacionales para que, antes de lanzar un alimento transgénico al mercado, puedan valorarse sus efectos.

No hace mucho, apareció en los medios la noticia de que el laboratorio francés CRIIGEN había llevado a cabo un trabajo a partir de los resultados de los estudios de alimentación de ratones con un maíz transgénico de la empresa biotecnológica Monsanto, conocido como NK603, manipulado genéticamente para tolerar las aplicaciones del herbicida comercializado por la misma empresa Monsanto.

Según la nota de prensa (ver traducción automática al castellano) en el estudio de CRIIGEN se destacan 60 diferencias significativas entre ratones que han sido alimentados con el maíz transgénico y aquellos que lo han sido con un maíz normal durante 90 días. El primer grupo mostró diferencias en las mediciones de riñones, cerebro, corazón e hígado, así como diferencias en el peso, lo cual se considera una clara señal de toxicidad.

Este es el segundo caso similar en pocas semanas: en marzo se publicó un estudio científico sobre un maíz de la misma empresa, conocido como MON863, que muestra señales de toxicidad en riñones e hígado en ratones alimentados con él a lo largo de tres meses.

Hace tiempo que se levantaron muchas voces críticas contra los alimentos transgénicos, como la de Gregorio Álvarez, profesor de ingeniería qúimica de la UAB y miembro de Científicos por el Medio Ambiente, que reniega de los supuestos beneficios en materia de lucha contra el hambre: “La fam amenaça 800 milions de persones, 19.000 nens moren cada dia i, irònicament, n’hi ha milions amb problemes de sobrepès.” Álvarez sostiene que los cultivos transgénicos sólo tienen una finalidad: aumentar los mercados y los beneficios.

Otros, como el naturalista Emili Bassols, proponen recuperar los productos locales frente a la homogeneización y pone como ejemplo las manzanas. En cualquier superficie comercial sólo veremos manzanas Fugi o Golden, siempre uniformes. Bassols es partidario de seguir un modelo contrario a los transgénicos e implantar zonas libres de este tipo de productos.

Según publicaciones recientes, existe un riesgo real de flujo genético (o transferencia genética) de organimso modificados genéticamente hacia otros organismos y, por lo tanto, poco a poco toda la cadena de producción agroalimentaria podría contaminarse. Muy recientemente se ha hecho público un manifiesto contra los transgénicos que merece una lectura detenida.

¿Existe el derecho de todo ser humano a consumir sólo productos no transgénicos?


¿Quién se hará cargo de las medidas preventivas?

¿Quién paga en caso de contaminación?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con los productos modificados genéticamente los laboratorios se convertirán en dueños del monopolio de las especies cultivables, lo que convertirá a millones de agricultores de todo el mundo en clientes obligados de esas multinacionales, que les venderán cada año las semillas de las especies, en lugar del sistema tradicional que consiste en seleccionarlas y guardarlas de un año para otro por el propio agricultor.

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