miércoles, 13 de junio de 2007

30 Años después de las primeras elecciones

Pasado mañana, 15 de junio, hará 30 años que se celebraron las primeras elecciones realmente democráticas tras la muerte de Franco (durante el franquisto también había elecciones, pero estaban mucho más amañadas que las de ahora).

Los informativos televisados nos recordarán con imágenes conocidas o inéditas el momento culminante de la transición (el debate sobre el modelo de Estado, la legalización del Partido Comunista o la Ley de Amnistía) y el ambiente social y político de aquellos años, marcados con acontecimientos tan brutales como los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha por pistoleros de extrema derecha (acontecimiento muy bien retratado en la película “7 días de enero” dirigida por Juan Antonio Bardem en el año 1979).

Apenas un año antes, aparecía en los quioscos una revista llamada “Interviú”, con una portada impactante para lo que en la época estaba permitido. Y poco antes del día de las elecciones, concretamente el 27 de mayo de 1977, iniciaba su andadura una publicación de humor gráfico realmente rompedora: El Jueves, que se ha encargado durante estas tres décadas de pasar revista a la política, el sexo, la iglesia, la monarquía, el fútbol, el ejército o las nuevas tecnologías. "España va de culo", rezaba el titular sobre un rampante trasero en el que cada nalga estaba debidamente señalizada como derecha e izquierda.

Tras aquellas primeras elecciones se puso en marcha una legislatura en la que se tuvo que negociar el texto constitucional y establecer un régimen de libertades sin precedentes en España. Los que vivimos aquella época jamás olvidaremos nombres como Adolfo Suarez, Fernando Alvarez de Miranda, Manuel Fraga Iribarne, Miquel Roca, Alfonso Guerra, Rodolfo Martín Villa o Xavier Arzallus.

Para unos, la transición española se configuró como uno de los mitos políticos más destacados en las últimas décadas del siglo XX fue la transición española. En ella participan políticos, empresarios, intelectuales, ideólogos, académicos, artistas y medios de comunicación (leer opinión de Marcos Roitman Rosenmann). Hay quien incluso mantiene que todo estuvo diseñado por la secretaría de Estado y la CIA, y ejecutado, en gran parte, por el SECED con el conocimiento de Franco, Carrero Blanco y pocos más (ver artículo de Jon Odriozola).

Sea como fuere, posiblemente con el esfuerzo de todos y la actuación clave de los agentes políticos del momento, se hizo posible la transformación de una sociedad que vivía con incertidumbre aquellos momentos de cambio. Para unos, nuestra transición ha sido modélica, pero para muchos otros aún quedan asuntos pendientes (la búsqueda de la secuencia transicion española modélica en Google nos arroja gran cantidad de enlaces muy críticos con el uso de ese calificativo).

¿La podemos dar por concluida 30 años después?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Por qué existe la monarquia en España?¿Por qué da tanto miedo modificar la constitución?¿Por qué se decidió olvidar ciertos temas y desvincular a muchas personas afines al regimen franquista?No nos tiene que dar miedo preguntar y remover ciertas cosas,es peor que caigan en el olvido y vuelvan a repetirse.

Falange auténtica dijo...

Yo tampoco creo que la transición española pueda calificarse de modélica, pues este término no la describe con exactitud. En la transición española no pasó nada grave porque los comunistas no quisieron.

30 años después, la derecha piensa que sus desmanes durante el franquismo ya están olvidados y juegan al peligroso juego de la crispación o, mejor dicho, encabronamiento.

Cosas de la vida: personas como Carrillo podrían dar lecciones de civismo y tolerancia a Rajoy.

Anónimo dijo...

Ja se sap que el Generalísimo ho va deixar tot lligat i ben lligat, encara que a alguns els parega que això que han convingut a anomenar "transició espanyola modèlica" d'una dictadura a una monarquia parlamentària, haja suposat un verdader canvi de les estructures del poder econòmic, polític, social i cultural, així, de la nit al dia. já!

És veritat que se van "relaxar" els costums, els modes, modes i mogudes diverses, però fins ací i punt. La verdadera, l'autèntica transició encara l'estem esperant molts i moltes.

Ací, en l'Estat espanyol, van canviar coses en el seu aspecte formal, amb una Constitució i tot, però en la realitat, en el dia a dia, no va canviar res (o quasi res). Els que verdaderament tenien les regnes del poder, els emporis quasi familiars economicocapitalistes van seguir amb els seus bé resguardats privilegis. Encara que se li van sumar alguns nous rics a l'empara de l'aparent nova situació política.

Dir-me si el franquisme i els seus sequaços no han continuat imposant una educació marcadament catòlica, apostòlica i romana, una educació elitista i dirigida a perpetuar un règim obscurantista i que ha quedat gravada (inclús genèticament) en subtils formes i maneres d'actuar de les presents i futures generacions.

Ximo dijo...

La transición española no fue modélica: ¿Cómo serlo si todavía no se han reconocido los crímenes, si desde el gobierno español no se reconoce el daño, no se admite la barbarie y no se acepta la aberración histórica de la dictadura?

En España no hubo transición: en los procuradores franquistas hubo trampa, cálculo frío e inmutable, pero también hubo miedo, convencimiento real del peligro que corrían sus cabezas si no aceptaban la tibia reforma política que les propusieron votar. Y tras votarla, se fueron a sus casas y se sentaron en sus cómodos sillones a descansar y a ver pasar el tiempo, como si nada fuera con ellos.

¿Acaso puede haber una reconciliación entre el cómodo sillón y la fría cárcel?

Como dice uno de los comentarios anteriores, en España no hubo sino renuncia a la revolución; los únicos padres de la transición fueron aquellos que, como mi padre, renunciaron a reclamar lo que legítimamente les pertenecía y aceptaron como mal menor dar la mano al opresor.

Porque el problema de España es que no hubo un proceso de catarsis colectiva. Hubo un acuerdo tácito y mediocre entre el fascista calculador y el revolucionario harto, guiados ambos por su instinto natural de supervivencia.

Unos cedieron para mantenerse en el poder (económico, social, religioso) y los otros para no partirse la cara por las calles.

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