jueves, 5 de abril de 2007

¿Cómo se calcula la ubicación de la Semana Santa en el calendario?

Resulta llamativo observar cómo nuestras pautas de comportamiento se van repitiendo de forma rutinaria. Cada cierto tiempo, sin saber muy bien porqué, hacemos lo mismo que el año pasado. Pero si nos preguntan ¿porqué? no siempre sabemos la respuesta.

La única forma de poder cambiar las cosas es conocer su origen y su significado, para después valorar la conveniencia de mantenerlas o cambiarlas por otras mejores. A veces nos hemos planteado cambiar el calendario festivo, para hacerlo más racional, pero siempre se alzan voces que defienden unas tradiciones supuestamente inamovibles. Con las fechas de la Semana Santa pasa algo así.

A principios del siglo IV había una gran confusión sobre cuándo había de celebrarse la Pascua. Habían surgido numerosos grupos de practicantes que utilizaban cálculos propios. Ya en el Concilio de Arlés (año 314), se obliga a que toda la cristiandad a celebrarla el mismo día, en la fecha que fijaría el Papa, pero no todos siguieron la orden.


Es en el Concilio de Nicea (año 325) donde se establecen los requisitos fundamentales (por ejemplo, que la Pascua se celebre en domingo, que no coincida con la Pascua judía, que no se celebre dos veces al año, etc.), pero hasta más tarde (en el año 525) no se unificó totalmente el cálculo. Dionisio el Exiguo estableció las siguientes premisas básicas:

- La Pascua ha de caer en domingo.
- Este domingo ha de ser el siguiente a la primera luna llena de la primavera boreal. Si esta fecha cayese en domingo, se trasladará la Pascua al domingo siguiente para evitar la coincidencia con la Pascua judía.
- La luna pascual es aquella cuyo plenilunio tiene lugar en el equinocio de primavera (vernal) del hemisferio norte (de otoño en el sur) o inmediatamente después. Este equinocio tiene lugar el 21 de marzo.

Empleando las fechas astronómicas reales para el cálculo nos encontramos con que la Pascua de Resurrección no puede ser antes del 22 de marzo (en caso de que el 21 y plenilunio fuese sábado), y tampoco puede ser más tarde del 25 de abril (suponiendo que el 21 de marzo fuese el día siguiente al plenilunio, habría que esperar una luna completa -29 días- para llegar al siguiente plenilunio, que sería el 18 de abril, el cual, si cayese en domingo, habría que desplazar la Pascua una semana más para evitar la coincidencia con la Pascua judía).
Por lo tanto, es sencillo deducir que el viernes santo es el viernes inmediatamente posterior a la primera Luna llena de Primavera en el hemisferio norte, y puede ser tan temprano como el 21 de marzo o tan tarde como el 23 de abril.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy curioso tu comentario. No tenía ni idea de que eso fuera así ni me lo había planteado nunca.

Pero ¿de que sirve? ¿acaso estás pensando en cambiar la ubicación de la Semana Santa? ¿llevas eso en tu programa electoral?

Basseta dijo...

Habrás comprobado que este blog no tiene un contenido exclusivamente electoral o político. Pretendo también llamar a la reflexión sobre cuestiones que no necesariamente han de ser motivo de debate electoral.

Con el ejemplo del cálculo de la ubicación de la Semana Santa en el calendario sólo pretendo llamar la atención sobre algo que hacemos de forma mecánica sin saber ni siquiera porqué lo hacemos.

¿Porqué mañana es viernes santo? Porque un papa lo decidió hace un montón de siglos.

¿Y eso ha de ser siempre así? Pues no necesariamente. Admitamos, aunque sólo sea como hipótesis, que esos y otros esquemas similares son susceptibles de ser modificados si la mayoría lo considerase conveniente algún día.

De todos modos, gracias por tu interés y tu comentario. Espero que no sea el último que hagas.

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